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Entre Franco y Luis Miguel: la amnesia
voluntaria
Cristina Ambrosini
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“Creer a voluntad parece ser también una hazaña
más allá de la capacidad humana” (Jon Elster)
Los
problemas filosóficos aparecen en cualquier parte. En su última
presentación discográfica, Luis Miguel presenta un tema de
apariencia tanto o más almibarado que los otros de su extenso
repertorio. Este último,
Si tú te atreves,
merece ser destacado porque la letra da una “vuelta de rosca” a
las típicas propuestas románticas de un “pacto de amor”. Aquí,
como un contrapunto de las historias trilladas, encontramos la
oferta de un “pacto de olvido”. Para ponernos al tanto de la
historia, resulta ser la confesión de un amor de realización
imposible o de consecuencia nefastas dado que “no somos libres,
es un error”. Para evitar males mayores, supuestamente sobre
otros seres queridos (“que al fin y al cabo más que a nadie los
amamos, son pasiones ya tan fuertes que lo nuestro hay que
olvidarlo. Si tú te atreves”), uno le propone al otro: “si tu te
atreves yo renuncio al paraíso”. En una especie de contracara de
una historia normal donde se espera reciprocidad y coordinación
de acciones cuando alguien se lanza a una aventura amorosa, aquí
se espera (y casi se exige) la reciprocidad del otro para no
tener nada en común. De un modo que resulta paradójico, el/la
protagonista de la historia espera acordar con la otra
parte un pacto de desamor y de olvido al decir “Si tú te atreves
por mi vida que te sigo. Si tú me olvidas te prometo que te
olvido”. El mérito de la letra de Manuel Alejandro reside en
mostrar la dimensión trágica de la decisión (“es el momento, o
fuera o dentro, no hay otra forma, seguir o adiós”) que coloca a
los protagonistas en una encrucijada donde cualquiera de las
opciones implicaría una pérdida dolorosa. El modo de presentar
el problema, y por una nueva “vuelta de rosca” quizás esté
destinado a que el otro/a diga “No, no me atrevo”. Más allá de
la trivialidad de una canción romántica, en este caso
encontramos señalada una de las actitudes dignas de ser
analizadas desde los modelos de toma de decisión racional, como
es el caso de un “pacto de olvido”.
“Mnemosine” es la
personificación de la memoria y madre de las Musas junto con
Zeus. De allí que “amnesia” y “amnistía” tengan el mismo origen
etimológico y parecido significado. En los dos casos representa
una “pérdida de la memoria”, en el primero
involuntario y en el
segundo, voluntario. Las amnistías son de amplio uso político y
se relacionan con la imposición del olvido, con un olvido
decretado, normalmente, por los vencedores.
Encontramos
reiteradamente la imposición de un “pacto de olvido” para
“pacificar la nación” después de dictaduras cruentas, de
represión ilegal, de Terrorismo de Estado o de Guerra Civil. La
historia y el legado de la despiadada Guerra Civil española de
1936 a 1939 es un ejemplo. Después de la muerte de Franco, en
1975, España adoptó una monarquía constitucional. Pero el
proceso requirió que se llegase a lo que después se llamaría el
pacto de olvido.
Ningún general o torturador fue sometido a juicio. Ninguna
comisión de la verdad analizó el pasado de España. El régimen
murió en la cama junto con su fundador, dice Horacio Cardo en
una nota de Clarín del 19 de julio del 2006 titulada “La guerra
civil española aún late”. En estos últimos años se alude al
“pacto de olvido” cada vez que hay algún intento de investigar
el pasado. Al cumplirse 30 años de la muerte de Franco,
Manuel Fraga Iribarne, ex presidente de la Xunta de
Galicia, ha afirmado que el presidente del Gobierno español,
José Luis Rodríguez Zapatero, "comete un error" al reabrir las
heridas de la Guerra Civil y no respetar el "pacto del olvido"
aceptado por la derecha y la izquierda tras la muerte de Franco.
"Tal vez por motivos de
familia. Su abuelo fue un capitán de la República fusilado en
León. No juzgo los casos personales, pero Zapatero comete un
error, una imprudencia", añadió.
Está claro que la Amnistía
es un eufemismo para imponer la impunidad ya que la idea de un
olvido voluntario, sobre todo para las víctimas y los familiares
de las víctimas, es de cumplimiento imposible. De hecho, la idea
misma de un olvido voluntario es un contrasentido.
Un “pacto de olvido” nos
coloca frente a uno de los ejemplos más claros de “autoengaño”.
El concepto de un autoengaño es el de alguien que
intencionalmente oculta una de sus creencias para profesar otra
como si fuera su punto de vista oficial (Elster, Jon,
Uvas amargas p.
214). No se trata de que alguien sostenga, a la vez, dos
creencias contradictorias o incompatibles, lo que haría del
autoengaño algo imposible, sino de casos donde el autoengaño es
exitoso. El caso de un autoengaño con éxito plantea dos
interrogantes: ¿cómo se las arregla uno para
olvidar intencionalmente
aquello que “verdaderamente” cree? Y, una vez alcanzado este
objetivo imposible ¿cómo hace uno para
creer a voluntad
aquello que uno también cree que no tiene fundamentos adecuados
para ser creído? La decisión de olvidar es uno de estos casos
frecuentes. La decisión de olvidar tiene la característica
paradójica de que en cuanto más trata uno de cumplir el
propósito (olvidar), menos lo consigue. “Es como querer crear
oscuridad por medio de la luz”, dice Elster.
Del mismo modo que en el
caso de la
akrasia o
debilidad de la voluntad (saber qué es lo mejor que se puede
hacer pero no hacerlo) el autoengaño es un fenómeno complejo y
casi imposible de teorizar pero se impone el tema dada la amplia
y contundente experiencia clínica, ficcional y cotidiana que
atestiguan la realidad del fenómeno y la necesidad de
tematizarlo tanto para ponerlo en evidencia como para denunciar
su presencia y controlar sus efectos.
La conducta racional tiene
límites. Uno de esos límites tiene que ver con los límites, a su
vez, de la conducta intencional. Para algunos autores, los
términos “racional” e “intencional”, referidos a tipos de
conductas, no son sinónimos. Una conducta intencional puede ser
racional o irracional. En los casos de autoengaño nos
encontramos en el cruce de una conducta “intencional irracional”
donde se quiere lo que no puede ser querido. “Comprometerse a
olvidar” es un sin sentido tanto más difícil de alcanzar cuanto
más se lo proponga alguien. De la misma índole, de cumplimiento
imposible, son las siguientes órdenes: “sé espontáneo”, “debes
amarme”, “exijo que me domines”, “no seas obediente”. Citado en
el libro de Jon Elster,
Ulises y las sirenas,
encontramos una cita de Leslie Faber donde se señala un conjunto
de este tipo de proyectos contradictorios.
“Yo, puedo desear
conocimiento, pero no sabiduría; irme a la cama, pero no dormir;
comer, pero no sentir hambre; mansedumbre, pero no humildad;
escrupulosidad, pero no virtud; autoafirmación o desafío, pero
no valor; lujuria, pero no amor; conmiseración, pero no
comprensión; felicitaciones, pero no admiración; religión, pero
no fe; lectura, pero no entendimiento.”
La idea de un
pacto de olvido es
un absurdo equivalente al de una amnesia autoimpuesta.
Por mucho que se lo
necesite y se lo busque, el olvido no puede ser el resultado de
una conducta intencional. En el mejor de los casos, cuando se
consigue, es el subproducto de otras acciones así como el sueño
puede ser el subproducto de contar ovejas o ver una película
mala en una noche de insomnio.
Link a la canción de Luis Miguel
http://es.youtube.com/watch?v=2Ok3Zkw0eF8&feature=related
http://www.clarin.com/diario/2006/07/19/opinion/o-02701.htm
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