Platón y Aristóteles Cristina Ambrosini  
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Entre Franco y Luis Miguel: la amnesia voluntaria

Cristina Ambrosini

 

“Creer a voluntad parece ser también una hazaña más allá de la capacidad humana” (Jon Elster)

 

Franco y Luis MiguelLos problemas filosóficos aparecen en cualquier parte. En su última presentación discográfica, Luis Miguel presenta un tema de apariencia tanto o más almibarado que los otros de su extenso repertorio. Este último, Si tú te atreves, merece ser destacado porque la letra da una “vuelta de rosca” a las típicas propuestas románticas de un “pacto de amor”. Aquí, como un contrapunto de las historias trilladas, encontramos la oferta de un “pacto de olvido”. Para ponernos al tanto de la historia, resulta ser la confesión de un amor de realización imposible o de consecuencia nefastas dado que “no somos libres, es un error”. Para evitar males mayores, supuestamente sobre otros seres queridos (“que al fin y al cabo más que a nadie los amamos, son pasiones ya tan fuertes que lo nuestro hay que olvidarlo. Si tú te atreves”), uno le propone al otro: “si tu te atreves yo renuncio al paraíso”. En una especie de contracara de una historia normal donde se espera reciprocidad y coordinación de acciones cuando alguien se lanza a una aventura amorosa, aquí se espera (y casi se exige) la reciprocidad del otro para no tener nada en común. De un modo que resulta paradójico, el/la  protagonista de la historia espera acordar con la otra parte un pacto de desamor y de olvido al decir “Si tú te atreves por mi vida que te sigo. Si tú me olvidas te prometo que te olvido”. El mérito de la letra de Manuel Alejandro reside en mostrar la dimensión trágica de la decisión (“es el momento, o fuera o dentro, no hay otra forma, seguir o adiós”) que coloca a los protagonistas en una encrucijada donde cualquiera de las opciones implicaría una pérdida dolorosa. El modo de presentar el problema, y por una nueva “vuelta de rosca” quizás esté destinado a que el otro/a diga “No, no me atrevo”. Más allá de la trivialidad de una canción romántica, en este caso encontramos señalada una de las actitudes dignas de ser analizadas desde los modelos de toma de decisión racional, como es el caso de un “pacto de olvido”.

“Mnemosine” es la personificación de la memoria y madre de las Musas junto con Zeus. De allí que “amnesia” y “amnistía” tengan el mismo origen etimológico y parecido significado. En los dos casos representa una “pérdida de la memoria”, en el primero  involuntario y en el segundo, voluntario. Las amnistías son de amplio uso político y se relacionan con la imposición del olvido, con un olvido decretado, normalmente, por los vencedores.  Encontramos reiteradamente la imposición de un “pacto de olvido” para “pacificar la nación” después de dictaduras cruentas, de represión ilegal, de Terrorismo de Estado o de Guerra Civil. La historia y el legado de la despiadada Guerra Civil española de 1936 a 1939 es un ejemplo. Después de la muerte de Franco, en 1975, España adoptó una monarquía constitucional. Pero el proceso requirió que se llegase a lo que después se llamaría el pacto de olvido. Ningún general o torturador fue sometido a juicio. Ninguna comisión de la verdad analizó el pasado de España. El régimen murió en la cama junto con su fundador, dice Horacio Cardo en una nota de Clarín del 19 de julio del 2006 titulada “La guerra civil española aún late”. En estos últimos años se alude al “pacto de olvido” cada vez que hay algún intento de investigar el pasado. Al cumplirse 30 años de la muerte de Franco,  Manuel Fraga Iribarne, ex presidente de la Xunta de Galicia, ha afirmado que el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, "comete un error" al reabrir las heridas de la Guerra Civil y no respetar el "pacto del olvido" aceptado por la derecha y la izquierda tras la muerte de Franco.

"Tal vez por motivos de familia. Su abuelo fue un capitán de la República fusilado en León. No juzgo los casos personales, pero Zapatero comete un error, una imprudencia", añadió.

Está claro que la Amnistía es un eufemismo para imponer la impunidad ya que la idea de un olvido voluntario, sobre todo para las víctimas y los familiares de las víctimas, es de cumplimiento imposible. De hecho, la idea misma de un olvido voluntario es un contrasentido.

Un “pacto de olvido” nos coloca frente a uno de los ejemplos más claros de “autoengaño”. El concepto de un autoengaño es el de alguien que intencionalmente oculta una de sus creencias para profesar otra como si fuera su punto de vista oficial (Elster, Jon, Uvas amargas p. 214). No se trata de que alguien sostenga, a la vez, dos creencias contradictorias o incompatibles, lo que haría del autoengaño algo imposible, sino de casos donde el autoengaño es exitoso. El caso de un autoengaño con éxito plantea dos interrogantes: ¿cómo se las arregla uno para olvidar intencionalmente aquello que “verdaderamente” cree? Y, una vez alcanzado este objetivo imposible ¿cómo hace uno para creer a voluntad aquello que uno también cree que no tiene fundamentos adecuados para ser creído? La decisión de olvidar es uno de estos casos frecuentes. La decisión de olvidar tiene la característica paradójica de que en cuanto más trata uno de cumplir el propósito (olvidar), menos lo consigue. “Es como querer crear oscuridad por medio de la luz”, dice Elster.

Del mismo modo que en el caso de la akrasia o debilidad de la voluntad (saber qué es lo mejor que se puede hacer pero no hacerlo) el autoengaño es un fenómeno complejo y casi imposible de teorizar pero se impone el tema dada la amplia y contundente experiencia clínica, ficcional y cotidiana que atestiguan la realidad del fenómeno y la necesidad de tematizarlo tanto para ponerlo en evidencia como para denunciar su presencia y controlar sus efectos.

La conducta racional tiene límites. Uno de esos límites tiene que ver con los límites, a su vez, de la conducta intencional. Para algunos autores, los términos “racional” e “intencional”, referidos a tipos de conductas, no son sinónimos. Una conducta intencional puede ser racional o irracional. En los casos de autoengaño nos encontramos en el cruce de una conducta “intencional irracional” donde se quiere lo que no puede ser querido. “Comprometerse a olvidar” es un sin sentido tanto más difícil de alcanzar cuanto más se lo proponga alguien. De la misma índole, de cumplimiento imposible, son las siguientes órdenes: “sé espontáneo”, “debes amarme”, “exijo que me domines”, “no seas obediente”. Citado en el libro de Jon Elster, Ulises y las sirenas, encontramos una cita de Leslie Faber donde se señala un conjunto de este tipo de proyectos contradictorios.

  “Yo, puedo desear conocimiento, pero no sabiduría; irme a la cama, pero no dormir; comer, pero no sentir hambre; mansedumbre, pero no humildad; escrupulosidad, pero no virtud; autoafirmación o desafío, pero no valor; lujuria, pero no amor; conmiseración, pero no comprensión; felicitaciones, pero no admiración; religión, pero no fe; lectura, pero no entendimiento.”

La idea de un pacto de olvido es un absurdo equivalente al de una amnesia autoimpuesta.

Por mucho que se lo necesite y se lo busque, el olvido no puede ser el resultado de una conducta intencional. En el mejor de los casos, cuando se consigue, es el subproducto de otras acciones así como el sueño puede ser el subproducto de contar ovejas o ver una película mala en una noche de insomnio.

 

Link a la canción de Luis Miguel

http://es.youtube.com/watch?v=2Ok3Zkw0eF8&feature=related

http://www.clarin.com/diario/2006/07/19/opinion/o-02701.htm

















Cristina Ambrosini
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