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Del Monstruo al Estratega. Ética y Juegos de AMBROSINI,
C. (2007), Educando, Buenos Aires.

Reseña del libro "Del Monstruo al Estratega. Ética y Juegos"
Gibrán Larrauri Olguín
El juego, a través de la errancia humana en la Tierra, ha sido una
categoría, un concepto y un fenómeno de múltiples connotaciones y
definiciones, empero, la realidad del mismo, más bien parece del orden
de lo inefable. Reapareciendo en todos lados y en ninguno, el juego
continúa provocando precisamente que se juegue con él.
Múltiples y notables han sido los intentos por acercarse a las entrañas
del juego. Destacan sin lugar a dudas aquellos esfuerzos de Huizinga,
Caillois, Henriot, Freud y Winnicott por mencionar algunos. Todos estos
autores han realizado aportaciones que, a la usanza de piezas de
rompecabezas, han confeccionado parcialmente el perfil del juego. En
este sentido, es que puedo introducir lo que hoy me convoca a escribir,
lo cual gira en torno a un peculiar libro, imprescindible para quien se
interesa por el dichoso juego. Me refiero al libro de la Dra. Cristina
Ambrosini de origen argentino que lleva por nombre Del monstruo al
estratega. Ética y juegos en el que con notable lucidez la autora nos da
un paseo profundo por las aristas de la categoría en cuestión.
En su libro la docente-investigadora de la U.B.A. retoma el juego en
diferentes aspectos que van desde la clasificación del mismo a partir de
sus componentes, el interés de las ciencias sociales por el mismo, y lo
que algunos de los más grandes pensadores de la historia han podido
decir acerca del juego. Autores como Platón, Santo Tomás, Rousseau, Kant
y algunos que ya he mencionado antes engrosan y condimentan las páginas
escritas por Ambrosini, páginas que no obstante su carácter variopinto,
de ninguna forma pierden rigor.
Dentro de los temas tratados por Ambrosini, me atrajo sobre todo aquél
que se instala en las antípodas de la consciencia y lo predecible, es
decir, lo irracional, pues es allí donde la autora me parece retoma lo
más significativo del juego, es decir, retoma que el juego en su esencia
se basa en lo imprevisto, lo azaroso, lo que escapa a las leyes de lo
predeterminado y así nos puede sumergir en estados de intensa
experimentación de lo esencialmente humano, lo cual puede ir desde lo
bello de armar las piezas de un juego, pasar por lo sublime de un gol
que derrumba el estadio, y conducirnos a lo monstruoso de no poder salir
del laberinto de algún juego, lo que recuerda a aquel personaje de Zweig
en Una partida de ajedrez o al protagonista de El jugador de Dostoievsky.
Es en esos estados estéticos del alma que algo de lo verdadero se asoma,
curiosamente, o debería decir lógicamente, a través de la ficción que es
todo juego, algo que como el goce, concepto lacaniano, en realidad no
sirve para nada en el sentido positivista, no sirve para aquilatar sino
más bien para derrochar, hacer alusión a la falta constitutiva de la que
todo sujeto es portador por estructura.
Como menciona Gérard Pommier “Si el acto de jugar subjetiva, equivale
entonces a tomar su nombre, fabricando con el juego el dominio del yo.”
(Pommier, 2005: 37) queda más que insinuado que el juego lejos de ser
una actividad inocente y sin ninguna correlación productiva es factor de
constitución de la subjetividad, abandono parcial del ser y
levantamiento de la existencia, en palabras de Jacques Henriot: “Para
jugar hay que existir” (Henriot, 1969: 94), idea que desde mi
perspectiva permea toda la escritura de Ambrosini.
Por otro lado, aludiendo a la gran obra de Cortázar: Rayuela, Ambrosini
nos revela que “la producción del juego sigue las leyes del
significante” (Dinerstein, 1987: 102), y si el significante, siendo
constitución del lenguaje, nos demuestra que éste último es una
construcción en falta en la que no existe aquella palabra que cierre el
circuito, de la misma forma, el juego, a través de la lectura que
Ambrosini hace de la obra ya citada se correlaciona de lleno con la
creación literaria, pues en ambos fenómenos hay un llamado al fin del
sentido, lo inasible que está en el centro tanto del juego como del
lenguaje y por ende, puede decirse sin tapujos que ese mismo vacío que
determina el azar está en el centro mismo de la vida humana en su
totalidad.
Evidentemente, Ambrosini nos señala de manera enfática y bajo los
cánones de la Academia que siempre se está jugando, y esto no es jerga
vacua sino lo más cercano que podemos llegar a un sentido literal. Pues,
la vida es un juego, la escritura es un juego, tal vez sean lo mismo, es
lo más seguro. Cristina Ambrosini nos invita a pensarlo, a leerlo, a
jugarlo…
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Cristina Ambrosini
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