Platón y Aristóteles Cristina Ambrosini  
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Bomarzo, un sueño de inmortalidad

Cristina Ambrosini

 

Manuel Mujica LáinezCerca de la ciudad de Viterbo, a pocos kilómetros de Roma, se encuentra la aldea de Bomarzo que fue, durante el siglo XVI la morada de un extraño duque, miembro de la familia de los Orsini. Entre las ruinas de la residencia, se encuentran los restos de un parque inverosímil, poblado por monstruos de piedra. Un elefante, un perro, un Jano bifronte, una ninfa, un Minotauro, un Neptuno, una Boca del Infierno y una enorme tortuga excitaron la imaginación de Manuel Mujica Láinez quien visitó el lugar por primera vez el 13 de julio de 1958 en uno de sus frecuentes viajes a Italia, en compañía de su amigo Guillermo Whitelow La imaginaria historia de Pier Francesco Orsini, Señor de Bomarzo, príncipe del Renacimiento de atormentada psicología, quien carga sobre la joroba de su espalda el peso de sus pecados, es el tema de la novela histórica Bomarzo.

Manuel Mujica Láinez (1910-1989) es uno de los escritores argentinos que, al igual que Borges, pertenecen a la Literatura Universal. En su obra encontramos la mirada del miembro de una burguesía cosmopolita, educado en Europa pero profundamente identificado con la realidad argentina. Como muchos hijos de familias ricas de principios de siglo XX, realizó sus estudios secundarios en Inglaterra y Francia y concluyó los universitarios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Aparte de su oficio de escritor se desempeñó como crítico de arte en La Nación, fue secretario del Museo de Arte Decorativo hasta 1946 en que renunció como opositor al régimen peronista y luego se desempeñó como director de Relaciones Culturales (1955-1958). Su carrera literaria se inició con libros de evocación histórica del pasado español y argentino: Glosas castellanas (1936) y Don Galaz de Buenos Aires (1938), línea que continuó en sus biografías del romántico Miguel Cané y los poetas de la literatura gauchesca, Estanislao del Campo e Hilario Ascasubi. Aparte de su trabajo como traductor en obras de Marivaux, Molière, Racine y Shakespeare, su obra más conocida es la de narrador. En ella ha sabido ordenar relatos que tienen personajes en común y forman una historia continuada y variable: Aquí vivieron (1949) es la saga de los habitantes de una casa; Misteriosa Buenos Aires (1951) historia de la ciudad, a través de personajes históricos y fantásticos; en El viaje de los siete demonios (1974) evoca los siete pecados capitales en correspondientes viñetas históricas; El escarabajo (1982) está protagonizado por una joya que pasa de mano en mano a través de los siglos. Lo más característico de su producción es la serie de novelas que describen la elegante y, a la vez, grotesca decadencia de algunas grandes familias porteñas: Los ídolos (1953), La casa (1954), Invitados en El Paraíso (1955) y Los viajeros (1956). En ellas se han señalado influencias de Eça de Queirós, Virginia Woolf y Marcel Proust. En el plano de la novela histórica, a veces mezclada con fuentes legendarias, cuentan: Bomarzo (1962), El unicornio (1965), El laberinto (1974) y De milagros y melancolías (1969)

Bomarzo podría haber sido escrita por un Umberto Eco ya que reconstruye con delicado preciosismo la atmósfera violenta y refinada en la que vivían los señores renacentistas italianos. En consonancia con la tortuga de piedra, el atormentado duque de Bomarzo arrastra su lamentable figura jorobada y el peso de los múltiples pecados que cometió para llegar a ser poderoso. Ultrajado por sus hermanos y repudiado por su padre, amado por su abuela y adulado por el astrólogo y alquimista Silvio de Narni quien le promete la inmortalidad, la ambigua sexualidad del príncipe giboso se verá enfrentada ante la dulce Julia Farnese, su esposa nunca poseída y la bella prostituta florentina Pantasilea.

La monumental novela histórica Bomarzo cobra fama internacional y es traducida a varios idiomas inmediatamente de ser publicada, en 1962. En esos años, el músico Alberto Ginastera recibe el encargo de Hobart Spalding, presidente de la Opera Society de Washington para crear una ópera con la que iniciar la décima temporada de esa institución. Ginastera piensa en Bomarzo y para escribir el argumento nadie mejor que el propio Mujica Láinez de quien había sido compañero en la Academia Nacional de Bellas Artes.  En este libreto, Mujica Láinez se revela como un amante de la ópera cuando rinde homenaje a otros personajes líricos. Tristán, Parsifal, Fausto, Pelléas y Salomé parecen aflorar en distintos momentos de la obra.

En su estructura interna, la obra se divide en quince cuadros, separados por interludios instrumentales. Ginastera adopta el lenguaje de vanguardia propio de los años setenta al que denomina “total cromático” y que resulta de una variación de la música atonal dodecafónica ensayada por Schönberg y Webern. En esos años, Ginastera capitaneaba el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales del legendario Instituto Di Tella. La originalidad del tema asumido por Mujica Láinez entra en consonancia con la experimentación vanguardista de Ginastera y, como no podía ser de otro modo, el estreno de la obra fue prohibida por el dictador Juan Carlos Onganía cuando estaba programada para la temporada de 1967 del teatro Colón. Tras su estreno en el Lisner Auditorium de Washington, el 19 de mayo de 1967, Bomarzo subió a escena en el Lincoln Center de New York al año siguiente y desde entonces forma parte del patriminio de la ópera internacional. En Argentina pudo estrenarse en 1972 y volvió a presentarse en 1984.

La ópera Bomarzo comienza en el último día de vida del ya anciano Pier Francesco Orsini, sobreviviente de la batalla de Lepanto y de otras muchas guerras familiares. Su adorada abuela, para quien es Vicino, le avisa, desde un transfondo fantasmal, que acaban de traicionarlo al darle a  beber veneno en lugar de la pócima que lo haría eterno.  A modo de flash-back, en las siguientes escenas, comienza a narrarse la vida del infeliz duque. En un desfile retrospectivo aparece su niñez marcada por la crueldad de sus dos hermanos, la falta de madre, el desprecio de su padre que lo acusa de afeminado por haberse criado en las faldas de su poderosa abuela. Diana, quien representa la osa ancestral y protectora del linaje de los Orsini, permite que muera su nieto mayor, Girolamo, para que “Vicino” su nieto elegido sea coronado duque. Su otro nieto, Maerbale, morirá envenenado por encargo de Pier Francesco ya para entonces duque de Bomarzo. Junto a los fantasmas de los varios muertos, las fantasías eróticas del duque aparecen protagonizadas por la prostituta Pantasilea, su virginal esposa Julia Farnese y su joven esclavo Abul, personaje mudo y hermafrodita. En uno de los cuadros finales, el desdichado duque monologa frente a la figura pétrea del Minotauro como frente a un espejo. Al igual que el mítico monstruo alimentado con carne humana, siente el peso de su desgraciada existencia y besa la marmórea boca de la figura mitad hombre y mitad bestia al identificarse con la  soledad del que es repudiado por ser distinto. Al respecto se lee en la novela

“El duque Pier Francesco Orsini murió de veneno, sin originalidad, como cualquier príncipe del Renacimiento, en el instante preciso en que creía que tornaba a ser totalmente un ascético príncipe medieval. Pero aún en eso, en la ironía trágica del emponzoñamiento con la pócima que aseguraba el perpetuo subsistir, el duque de Bomarzo fue distinto a todos los numerosos duques envenenados de su época, como su célebre parque fue distinto a todos los demás, porque cuanto con él se vinculaba fue distinto del resto.”

En el acto final, los monstruos de Bomarzo custodian la agonía del contrahecho duque cuya vida se apaga entre invocaciones a los santos papas de la familia y a los Osos de los Orsini. La ópera termina cuando unas figuras alegóricas cubren el cuerpo yaciente del príncipe renacentista italiano Pier Francesco Orsini con una bandera argentina.

Para felicidad de algunos pocos privilegiados que consiguieron entrada, la ópera Bomarzo se presentó en el Teatro Colón el viernes 13, el sábado 14, el domingo 15, el martes 17, el miércoles 18 y el viernes 20 de junio de 2003. La última función, programada como Extraordinaria para el miércoles 25 de junio a las 15,00 hs. se suspendió a las 14.40 hs, cuando el teatro estaba literalmente colmado de gente sentada y parada. Para estupor del público, la mayoría estudiantes de arte de todo el país invitados especialmente por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, quienes habían llegado en micros desde distintos puntos, frente a sorprendidos turistas extranjeros e incautos nativos, a causa de un reclamo sindical de los músicos, se pidió el desalojo de la Sala.

En definitiva, aunque represente la tragedia de un duque italiano, la última función de Bomarzo no pudo escapar a la fatalidad del destino argentino.
















Cristina Ambrosini
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