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Eros, el alimento del plumaje del alma. Del eros platónico al eros
electrónico
Cristina Ambrosini - Dra. en Filosofía (U.B.A.)
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En "Alma" se dice "Psiqué" en griego. En las representaciones antiguas
aparece como una figura con alas. Cuando se representa la historia de su
amor con Eros (Cupido para los latinos, de cupidinis: deseo) aparece
como una mujer, a veces con alas de mariposa, aunque no siempre, y
frecuentemente en el trance de recibir el beso de su amado que la
devolverá a la vida. Es el caso de esta pintura pompeyana de la casa de
Terencio Nerone (Museo Nacional, Nápoles)
Antonio Canova (1757-1822) representa a Psiqué reanimada por el beso del
Amor, Roma, 1793. Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre,
París. Esta es una de las seis versiones del mito que realizó el
escultor. El relato de la historia de Cupido y Psiqué, sólo lo recoge
Apuleyo, autor latino del s.II de nuestra era (tal es la razón por la
que se emplean los nombres latinos de los dioses) en su obra "El asno de
oro o Metamorfosis" (4.28 - 6.24).
Nuestras
ideas nunca son originales, son el producto decantado luego de largos
siglos de elaboración de algunos mitos fundacionales. Entre ellos, se
encuentra el mito de Eros, el amor, que encuentra su expresión más
sublime y sublimada en Platón quien dedica al tema tres de sus diálogos:
Lisis, Banquete y Fedro. El ideal del eros platónico pasa por ser un
clásico. A lo largo de la Historia, el tema será retomado por la
filosofía, la literatura y el arte. En el siglo XX, Freud mediante, eros
se identifica con la vida sexual y, en este terreno, pasa a ser parte
del discurso de la ciencia y de la pseudociencia (sexólogos mediante).
El tema no podía pasar desapercibido, tampoco, para los estudiosos de la
era digital. Hoy en día se admite que Eros circula también por Internet,
lo que permite hablar de un eros electrónico. De uno y del otro hablamos
en este artículo.
En el Lisis Platón plantea el tema de la esencia de la amistad, que
habría de desarrollar más tarde en sus diálogos de madurez al abordar la
figura de eros. Su teoría de la amistad constituye el nervio de su
posición política ya que la reconstrucción y el orden social solamente
pueden ser llevados a cabo por un grupo reducido de hombres
identificados en las mismas ideas que actuarían como una célula germinal
de la nueva sociedad. Tal es el significado de la philía: una comunidad
espiritual y ética. No debe olvidarse que la democracia ateniense, según
la leyenda, fue fundada por una pareja de amantes, Harmodio y
Aristogitón, unidos a vida o muerte por el eros. En Banquete (181)
Pausanias establece una distinción entre el eros vil y el eros noble
para justificar la pederastia como manifestación del eros masculino.
Esta costumbre, proveniente de Esparta, procede de la vida en los
campamentos guerreros. Al caer Esparta y disminuir su influencia, cosa
que ocurrió después de la redacción del Banquete, la pederastia
disminuyó tanto como los ideales que la sustentaban. En Ética y Política
de Aristóteles ya no cumple ninguna función como factor educativo. Esto
mostraría que Platón se encuentra, en el tratamiento del tema de eros,
lo mismo que con los ideales de la polis, en una línea divisoria, en un
período de transición entre la veneración de las viejas tradiciones
griegas y su proyección sobre un nuevo mundo de valores.
Platón da el marco adecuado del discurso de eros en el simposio
(banquete). Los simposios eran lugares donde la tradición homérica
consagró el encuentro de la auténtica areté (virtud) masculina. Platón
es el creador de una nueva forma filosófica del simposio. En Leyes, al
comienzo de la obra, dedica un libro al valor educativo del beber y de
las reuniones de bebedores. Platón se declara partidario de la costumbre
espartana de estas reuniones de hombres donde convergen Eros y Dionisos
puestos al servicio de la educación de los jóvenes. El placer físico,
que proporcionan tanto el vino como el amor a los cuerpos, el amor
sensible, constituyen condiciones previas para que, en la marcha
ascendente del placer, todo desemboque en el Eros filosófico. Si el
placer físico, el amor a los cuerpos, no se transforma en amor
espiritual (amor a las almas) no hay eros platónico pero, a la
recíproca, tampoco resulta posible el amor espiritual aislado, sin
enlace de éste con los estadios previos del amor físico a los cuerpos.
En Banquete, Sócrates relata los orígenes de Eros, tal como se los contó
una mujer sabia, quien lo instruyó en recursos eróticos, Diotima de
Mantinea. Según este relato, cuando nació Afrodita, estuvieron
festejando los dioses y entre ellos se encontraba el hijo de Metis,
Poro, quien representa la astucia o maña para sortear dificultades. Al
festejo no podía faltar Penia quien aparece para mendigar las sobras y
paliar su hambre. Poros, vencido por la borrachera de néctar (todavía no
existía el vino), cayó dormido. Penia, aprovechó la ocasión, dada su
falta de recursos, para acostarse a su lado y engendrar un hijo. Así
nació Eros, amante de lo bello, por nacer entre los festejos del
nacimiento de Afrodita; pobre, por parte de madre pero intrépido y hábil
por parte de padre,
Así pues, por ser hijo de Poro y de Penia le ha tocado en suerte esta
condición: en primer lugar, por la naturaleza de la madre es siempre
pobre y está muy lejos de ser delicado y bello, como piensa la mayoría,
sino que es rudo y enjuto; descalzo y sin techo, duerme siempre en el
suelo, sin mantas; si se acuesta a cielo abierto en los portales y en
los caminos, siempre compañero inseparable de la indigencia. Pero, a su
vez, por la parte de su padre, anda al acecho de bellos y nobles, es
viril, intrépido, hábil, cazador, siempre maquinador de recursos,
ansioso de saber, ingenioso, filósofo de por vida, terrible hechicero,
hacedor de encantamientos y sofistas.
Eros, en tanto hijo de Poros (recurso) y Penia (pobreza), es carencia y
deseo. No es inmortal ni mortal, a veces, en un mismo día, parece morir
y retoña. Todo lo que consigue, gracias a la astucia, de pronto se le
escurre entre las manos. Nunca es del todo pobre ni del todo rico y
siempre se encuentra en un punto intermedio entre sabiduría e
ignorancia, cualidad heredada de sus padres desiguales. Eros es un gran
daimon (202e), llena el abismo entre lo terrenal y lo divino y es el
vínculo que mantiene unido al universo. A diferencia del resto de los
dioses, Eros es filósofo en tanto es hijo de una madre menesterosa
aunque también se destaca como gran mago y encantador. Según Diotoma,
Eros no se identifica con el objeto amado sino con el amante. El objeto
de amor es siempre bello, gracioso, perfecto, bienaventurado, en cambio
el amante es indigente, desea aquello de lo que carece. Con esta idea,
Platón está aceptando el hecho de que en la divinidad misma es imposible
el deseo y, en consecuencia el amor. Eros, es aspiración a lo divino ya
que se trata de un ser menesteroso, incompleto, carenciado. La realidad
divina, en su perfección, es incapaz de desear o amar, pues no existe en
ella, como realidad perfecta, carencia alguna. Eros no es un dios, pero
no por ello es un ser mortal o no es nada. En Eros, lo demónico, se
presenta entonces como un principio que reconcilia inmanencia y
trascendencia, lo superior y lo inferior, y posibilita así la unidad del
ser en su dualidad.
En Fedro, este personaje lee a Sócrates un escrito del retórico Lisias
donde se plantea que se debe preferir la relación amorosa con alguien
que no esté enamorado, que con quien le esté. Sócrates, frente al
reduccionismo de Lisias, donde el amor es presentado como algo
conveniente, útil, al modo de la philia, presenta otra figura. Eros es
deseo (237d), no es la limitada relación afectiva que presenta Lisias.
Eros bajo la configuración del delirio, es una forma de superación de
los límites de la carne, en el que "amar" es "ver y entender". El
desenfreno tiene múltiples nombres. Si es con relación a la comida, se
llama glotonería y toma otro nombre cuando alude a la bebida. Si
menciona al apetito que, sin control de lo racional, domina el estado de
ánimo que tiende hacia lo recto y es impulsado ciegamente hacia el goce
de la belleza y, poderosamente fortalecido por apetitos emparentados con
él, es arrastrado hacia el esplendor de los cuerpos, y llega a conseguir
la victoria en este empeño, se le llama Eros (238c).
El punto de inflexión entre lo físico y lo espiritual no es un punto de
ruptura, para Platón, es parte de un interjuego cuya finalidad es una
marcha ascendente hacia lo sublime. La mente del filósofo es "alada"
(251c), supera la pesadez del cuerpo aunque no la elimina. Esta
condición "fronteriza" caracteriza el delirio amoroso. El poder natural
del ala es levantar lo pesado hacia donde mora el linaje de los dioses.
Lo divino es bello, sabio y bueno y de esto se alimenta el plumaje del
alma (246e).
Y aquí es, precisamente, a donde viene a parar todo ese discurso
sobre la cuarta forma de locura, aquella que se da cuando alguien
contempla la belleza de este mundo, y, recordando la verdadera, le salen
alas y, así alado, le entran deseos de alzar el vuelo, y no lográndolo,
mira hacia arriba como si fuera un pájaro, olvidado de las de aquí
abajo, y dando ocasión a que se le tenga por loco. Así que, de todas las
formas de "entusiasmo", es ésta la mejor de las mejores, tanto para el
que la tiene, como para el que con ella se comunica, y al partícipe de
esta manía, al amante de los bellos, se le llama enamorado.
En el camino de la dialéctica, el conocimiento es amor, porque uno y
otro nacen de la carencia y el deseo. En Fedro, Platón describe el amor
como locura o delirio del hombre por el conocimiento, como recuerdo o
reminiscencia de un saber ya adquirido por el alma, que el hombre
recupera yendo, a través de la multiplicidad de lo percibido por los
sentidos, hacia la unidad de la idea o del concepto.
En su forma paradigmática, el eros de Platón hace del amor como deseo
amoroso o pasión, tal como se entendía en el griego clásico, expresión
de la tendencia fundamental y constante del hombre hacia el bien frente
a otros sentimientos parecidos, como los designados con los términos
philia, ágape y philantropía. Como este anhelo de fusión con el bien no
es posible más que por vía del conocimiento, el eros es, a la vez,
vehículo de paideia o educación del hombre. Esta idea no era nueva en la
tradición pero Platón le da un nuevo giro al rehabilitar los nobles
ideales de la educación masculina como el supremo vuelo espiritual de
dos almas íntimamente unidas hasta el reino de lo eternamente bello y
bueno. Lo bello y lo bueno no son más que dos aspectos de una y la misma
realidad puesto que, en esta concepción, entre el cosmos moral y el
cosmos físico existe una armonía perfecta. Los discursos sobre eros
expresan esta aspiración hacia lo moralmente bello, la preocupación por
la excelencia y perfección del amado.
Desde el eros platónico al eros electrónico
En nuestra época la ciencia se apodera del discurso sobre eros, pierde
altura, desciende de lo sublime. Lo psíquico, lo que alude al alma, ya
no se sitúa en las alturas del cielo platónico sino que ahora nombra las
pulsiones sexuales. Ciertamente, a Freud no le tiembla el pulso al
momento de usar los antiguos mitos griegos para darles una novedosa
interpretación. Así y todo el propio Freud admite, con total honestidad
intelectual, lo poco que conocemos acerca del amor que, aun para la
ciencia, se mantiene como un misterio.
Tratando de develar, en parte, este misterio, encontramos a Román Gubert
(Barcelona, 1934), quien nos habla del "eros electrónico". Este
sociólogo catalán ha publicado Historia del cine, El simio informatizado
y La mirada opulenta, entre otros títulos y es llamado "el Mac Luhan o
el Eco español". En el El eros electrónico México, Taurus, 2000, analiza
las implicaciones emocionales y afectivas de los nuevos medios en las
formas de vida de la sociedad postindustrial. En este libro investiga
los fenómenos que se están originando hoy día como la expansión
pornográfica, los robots emocionales, los usos amorosos del correo
electrónico, el cibersexo y los ensueños eróticos que la imagen digital
propicia.
Dice Gubert:
La red ofrece ciertas ventajas para la comunicación sentimental. Resulta
ideal para los tímidos y los solitarios forzosos, como las personas que
efectúan tareas nocturnas o viven en zonas despobladas. El anonimato
estimula, además, la desinhibición social y la red permite así las
relaciones entre extraños con más facilidad que las discotecas y los
bares, en donde la mirada o la voz pueden flaquear. Es ideal para los
tímidos e inseguros, además, cancela, por el anonimato de la
comunicación, los efectos negativos del racismo étnico y de los racismos
sociales de la fealdad, de la edad y de la enfermedad.
Al
parecer, la antigua dicotomía platónica cuerpo-alma, se resuelve en una
integración a favor del alma. Internet, vista como toda tecnología, como
una prolongación del cuerpo, posibilita, como nunca antes en la historia
de la humanidad, el vuelo del alma. Como dijimos en un artículo
anterior, provisto de sus prótesis electrónicas, como un inválido
equipado, el internauta puede dejar volar su alma sin sentir el peso de
un cuerpo.
¿Se logrará, tal como lo percibe Paul Virilio, "un metacuerpo
independiente de las condiciones del medio, en la medida en que el
espacio real (la extensión del mundo propio pero también el espesor del
cuerpo propio del individuo) pierda progresivamente su importancia en
provecho del tiempo real de impulsos, de sobrexcitaciones
nanotecnológicas que sucederán a los ritmos vitales"?¿Se modificará la
estructura orgánica del cuerpo convertida en pixeles y lenguaje numérico
proteiforme? ¿Los actuales procesos de simulación son tan solo el
comienzo de una descorporización sistemática del placer: telesexo, sexo
virtual, compromisos amistosos a través de la red de redes, amores ciber...?
Todas estas preguntas no se le ocurrieron a Platón cuando imaginó a Eros
como el alimento del plumaje de las alas del alma.
Virilio, Paul. El arte del motor. Aceleración y realidad virtual. Buenos
Aires, Manantial,1996.
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Cristina Ambrosini |