Platón y Aristóteles Cristina Ambrosini  

El dilema de La Salada - Cristina Ambrosini

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El dilema de La Salada
Cristina Ambrosini

La Salada

Para el ejercicio profesional hay Códigos éticos o normas éticas sancionadas desde los colegios profesionales que tratan de regular la práctica profesional en el entorno de la vida social. Sabemos que en el mundo del trabajo y de la economía  prima el interés individual y la adopción de conductas orientadas al interés común presentan conflictos o dilemas morales.

Uno de los dilemas se presenta cuando compramos objetos que sabemos que tiene un precio por debajo del precio del mercado porque no cumplen con las normas legales de producción (trabajo esclavo, no pagan impuestos, no pagan derechos de marcas, etc) o directamente son objetos robados. Hay circuitos de comercialización informal, regenteados por organizaciones que, al margen de la ley y de los controles del Estado, lucran con estas actividades, donde el último eslabón de la cadena son los vendedores,  trabajadores precarizados, que tienen estas  actividades como modos de supervivencia,  lo que fomenta también  la trata de personas (abuso de la condición de indocumentados) y el trabajo esclavo.

Vamos a tomar como ejemplo el caso de La Salada para tipificar el tipo de dilema que se presenta cuando entran en conflicto el interés individual que llamaremos “egoísta” con el interés social que llamaremos “altruista”.

Se conoce como “La Salada” a un polo de comercialización que ocupa unas 20 hectáreas  en la rivera del Riachuelo donde hay comerciantes que están instalados en predios propios y según declaran los propietarios pagan sus impuestos por las ventas que efectúan  (Feria Ocean, Feria Punta Mogotes, Feria Urkupiña) y otros comerciantes que están en situación de ilegalidad porque

 

no pagan impuestos, usan las márgenes del Riachuelo de modo perjudicial y riesgoso para ellos mismos (están instalados sobre un gasoducto de alta peligrosidad), tienen instalaciones precarias de electricidad con cables que penden sobre las cabezas de las personas y se conectan sobre estructuras metálicas, se vende comida sin ningún control sanitario, no hay agua potable,  usan letrinas públicas, usan transportes inseguros y precarios, cobran peajes por entrar y estacionar sobre espacios públicos, ensucian con materiales plásticos no degradables el río, construyen estructuras precarias sobre la ribera del río, producen sus mercaderías en talleres clandestinos donde hay mano de obra esclava, privatizan el espacio público, instalan organizaciones que responden a la ley del más fuerte al margen de la ley civil, entre otros delitos

Miles de personas (unas 50.000 por día) se abastecen en esta feria, conocida por ser una de las mayores ferias ilegales de América Latina debido a los productos de imitación de marcas que se pueden encontrar. Las denuncias acerca de esta situación de ilegalidad ha sido motivo de reclamo formal al gobierno argentino por parte del gobierno de los Es Us y la Unión Europea

En un artículo titulado “El paraíso de lo ilegal” se lee en Internet

 

"Saladas city tours"

Shopping, Fast Food, Adventure, Milacres and more......

Si visitas la Salada quedaras sorprendido por su cantidad de negocios, gente de todas las nacionalidades, diversidad de comidas, paisajes naturales, y deportes de alto riesgo que puede practicar aqui, no lo dudes más visita la Salada

Una recorrida por los puestos que conforman esta romería, atiborrados de perchas y separados por pasillos por los que circulan changueros que por tres pesos llevan en carros la compra de cada cliente hasta el micro en el que vino,: aquí pueden conseguirse un conjunto Cheeky por 19 pesos, un polar Lacoste por 16 o zapatillas Adidas a 15 pesos. Ona Sáez, Bensimon o 47st también tienen sus sucedáneos. Y ya se ofrecen los DVD de películas como Troya o la última de Harry Potter por 5 pesos, lo mismo que salen dos compact disc.

En la feria, el 90% de los productos que se venden son textiles. Y la diferencia de precios genera una curiosa migración de mayoristas que llegan de diferentes provincias para abastecerse. El tour de compras de La Salada es una de las modalidades de shopping más a contramano: nocturna, multitudinaria, cumbiera y periférica.

Así, en quince años, la veintena de puesteros que se ganaba unos pesos cada lunes vendiendo unos pocos productos a la intemperie creció hasta conformar la Ciudad del Este del conurbano: hay unos 15 mil puestos de venta ilegal de ropa, calzado, discos, películas, equipos de electrónica distribuidos en 20 hectáreas, una superficie comparable a la del barrio de Once.

 

Hasta aquí la parte descriptiva del caso. ¿Por qué ir o no ir a comprar a este lugar puede generar un dilema moral? ¿Qué tipo de dilemas genera la toma de decisión individual  cuando no se nos aseguran que las consecuencias de conductas altruistas (no comprar en condiciones de ilegalidad) tengan efecto a nivel grupal? En el caso de si ir o no a comprar a una feria ilegal se da el siguiente dilema:

 

Individualmente me conviene comprar lo que necesito al menor precio. No tengo la certeza de que si individualmente me abstengo de este beneficio, el resultado global será el mejor para todos, (que se elimine el comercio ilegal con los graves perjuicios que provoca a la economía). Pero, si todos hacen lo mismo que yo, si todos se abstienen de comprar en condiciones de ilegalidad (objetos robados, producto de mano de obra esclava, comerciantes que evaden impuestos, alimentos contaminados, productos contaminantes, etc) el resultado es mejor para todos. Hay un dilema entre una conducta altruísta (pero riesgosa porque no hay certeza acerca del altruísmo de los otros) o egoísta y beneficiosa en el corto plazo.

Antes de seguir, examinemos otro costado del caso. En condiciones ideales el comercio ilegal perjudica a la sociedad. En nuestras condiciones sociales reales es cierto que en estas ferias trabajan personas marginadas del circuito del trabajo asalariado legal dadas sus precarias condiciones de educación y capacitación laboral que de otro modo estarían en condiciones de desocupación y mayor marginalidad social con lo cual se reduce el problema de la desocupación aunque a costa de la precarización y explotación.

También es cierto que se abastecen de elementos necesarios (abrigo, calzado) la gente de bajos recursos económicos que de este modo acceden a productos que les estarían vedados en el mercado legal. Es cierto también que estas ferias abaratan los productos al punto de forzar a los empresarios del circuito legal a bajar o controlar sus propios precios y con eso se controla la inflación.

Legales o ilegales es cierto que las ferias son un recurso de supervivencia y que la economía informal es tolerada desde el Estado ya que representa una fuente de ingresos para personas que no encuentran otro lugar mejor en el mercado y que “aceitan” los engranajes del dinamismo capitalista que también se alimenta de recursos legales e ilegales.

También es cierto que el comercio ilegal es una especie de “virus” social. El abaratamiento de los productos y el interés por hacerlos accesibles a las personas de bajos recursos no debería incluir la tolerancia a la venta de productos robados o de mala calidad o perjudiciales para la salud. Sabemos que los productos robados son más baratos que otros que incluyen todos los costos de producción, incluidos los impuestos. Es más barato un producto robado pero perjudica y daña los intereses de otras personas y los intereses de la comunidad hasta el punto de amenazar su propia supervivencia.

A pesar de reconocer algunos factores que hacen tolerable el comercio ilegal, se presenta una situación dilemática al momento de beneficiarse de una actividad ilegal del tipo de lo que se conoce como  El Dilema del prisionero.  Veamos la conceptualización

 

El dilema del prisionero

 

El dilema del prisionero es el ejemplo clásico de juego de suma variable (un juego donde hay intereses competitivos y cooperativos mezclados) y el que permite una gran riqueza de análisis. El modelo, inventado por Merril Flood y Melvin Dresher en 1950, luego formalizado por A.W.Tucker, se basa en el caso de dos sospechosos de haber cometido un crimen. Ambos se encuentran encerrados en celdas separadas e incomunicadas. El fiscal ofrece, a cada uno por separado, la alternativa de culpar al compañero y salir libre. Cada prisionero tiene dos estrategias: hablar o callar, lo que da lugar a dos alternativas:

1) Si uno habla y culpa al otro, él sale libre y su compinche queda pres

2) Si ambos hablan, si se culpan mutuamente, los dos  quedan presos.

3) Si ambos permanecen callados,  los dos salen libres

 

Desde el punto de vista de los prisioneros, cada uno debe tomar la decisión de hablar o callar sin conocer la estrategia del otro. Las opciones se reducen a dos: actuar competitivamente o cooperativamente, donde se deduce que la opción cooperativa los beneficia más a ambos que la acción competitiva.  En este caso, el mejor resultado se obtiene si los dos callan. La acción maximizadora  resulta la más riesgosa individualmente ya que, al no conocer la estrategia del  otro, podría darse el  caso  “yo  callo y él me acusa”, con lo que el agente cooperativo resulta castigado con la pena máxima.

A pesar de la ventaja acerca de la opción altruista o cooperativa (callar), el dilema sigue en pie porque la adopción de esta estrategia se realiza bajo el riesgo de que el compañero sea tan racional o solidario como uno mismo ya que si este supuesto no se cumple entonces provoca el peor  resultado: “yo callo y él me acusa”. Si ordenamos en una escala de preferencias  las opciones del dilema del prisionero, obtenemos que cada uno prefiere:

 

1) yo soy egoísta (hablo), él es altruista (se calla);

2) ambos somos altruistas;

3) Ambos somos egoístas; 

4) yo soy altruista y él egoísta

 

Cuando se da esta escala de preferencias, cada uno prefiere la salida individual aun cuando el altruismo universal conviene más que el egoísmo universal. A pesar de que colectivamente la opción altruista es la que elegiría un actor racional, ya que  representa una situación óptima, dada la falta de información acerca de la racionalidad de los demás, se produce un corrimiento hacia la opción egoísta y de allí a que se presente como una estrategia dominante. El resultado final es el peor

 

Entre otros, los casos que permiten formalizarse como el dilema del prisionero son los siguientes:

a) Gente que va al trabajo: cada uno va más rápido si lleva su coche, pero si todos lo hacen, entonces todos van más despacio.

b) Soldados que son atacados: cada uno se salva más fácil si sale corriendo, pero si todos lo hacen, entonces todos mueren.

c) Pescadores: cada uno gana más si pesca en exceso pero si todos lo hacen, entonces ganan menos.

d) Pagar el boleto del tren: cada uno prefiere gastar menos plata en transporte pero si nadie paga, no funciona el tren

 

A pesar de la clara ventaja acerca de la acción altruista o cooperativa, el problema sigue en pie, de allí su carácter de dilema. Para arribar a la solución, cada detenido debe considerar la utilidad de su compinche como si fuese la propia. Este caso podría darse si hay previamente un compromiso de amor o de sangre o de identidad con el otro como podría ser el caso de un padre y un hijo o de personas que por algún motivo estuvieran involucradas afectivamente en un grado muy alto. Pero si éste fuese el caso real, ya no sería problemático. El conflicto se presenta, justamente, porque no hay una opción clara acerca  de cooperar con el otro porque hay una fuerte desconfianza acerca del compromiso del otro para cumplir

Son numerosas las situaciones de interacción social donde se da el caso de un conflicto moral entre actuar de modo altruista, a costa de sacrificar el interés personal y bajo el riesgo de que el resto no lo haga, o sacar provecho del sacrificio de los demás.

 

Cuando se presenta un dilema del prisionero, entre los miembros de una comunidad, puede predicarse una solución moral, por ejemplo, el cumplimiento del “deber” bajo el convencimiento de que con el tiempo los  egoístas se volverán altruístas y alterarán su escala de preferencias hasta el punto de preferir ser altruistas en todos los casos, aún cuando el otro no sea tan racional como se espera. En esta opción se confía en el valor de la educación y la creación de hábitos de convivencia basados en la consideración y el respeto a los demás. Esta ha sido la vertiente que transitaron las propuestas de Aristóteles o Kant, por citar solamente algunos casos

 

Si bien todos preferirían vivir en una sociedad de altruistas, en las sociedades complejas se impone el egoísmo universal puesto que en los grandes grupos los flujos de información acerca de la conducta de los demás son muy débiles y las posibilidades de coordinación de acciones son escasas La falta de información desalienta la adopción de principios éticos ya que, en caso de imponerse, se asumen bajo el riesgo de resultar más perjudicado individualmente  sin tener ningún resultado social.

 

Más  rápida y efectiva resulta la solución jurídica: el  uso de la coerción de la ley  para obligar a todos por igual a renunciar a la opción egoísta Si cada uno está seguro de que el resto colabora o resulta castigado, entonces está mejor predispuesto a postergar su interés  personal.[1] Este argumento sirve para justificar la penalización de las acciones egoístas ya que sin penalización jurídica hay pocos incentivos para cooperar en los grupos donde las personas no están seguras de la adopción de normas éticas en los otros. La idea del Contrato Social y de la imposición de un Estado gendarme se basa en la idea de que la gente actúa más por miedo al castigo que por convicciones morales. Esta es la vertiente que transitó Thomas Hobbes cuando postuló que el Estado debe ser como un monstruo atemorizante que inhiba el egoísmo de las personas y que los fuerce a las acciones comunitarias

 

El Dilema del prisionero iterativo

 

El Dilema del prisionero es el punto central de análisis del libro de Robert Axelrod, La evolución de la cooperación, donde el autor trata de determinar bajo qué condiciones los individuos que persiguen sus propios intereses están dispuestos a cooperar, sin la ayuda de una autoridad central que los obligue a ello. Se trata de contestar la siguiente pregunta ¿en qué casos debe una persona cooperar y en qué casos ser egoísta, en el curso de una relación que puede durar mucho tiempo? El Dilema muestra una formulación abstracta de diversas situaciones en las cuales lo que es individualmente óptimo lleva al fracaso colectivo cuando todos podrían haber obtenido mejores resultados de haber cooperado. Dos egoístas que jugasen una sola vez optarían por la estrategia dominante, la no cooperación. Si el juego tuviera un número finito de jugadas prefijadas, los jugadores seguirían sin tener incentivos para cooperar dado que el futuro no influenciaría en la última partida. Axelrod advierte que si el juego se juega no una vez, sino un número finito de veces, los jugadores tampoco tienen incentivos para cooperar ya que si en la penúltima jugada los jugadores saben que en la última defectuarán (no cooperarán),[2] tampoco cooperarán en aquélla. Por regresión, este razonamiento se aplica a todas las jugadas. Este no es el caso si los jugadores interactúan un número indefinido de veces. La probabilidad de la emergencia de la cooperación deja de ser cero.

Lo que hace posible la cooperación es el hecho de que los participantes pueden volver a encontrarse. Eso significa que la elección en el presente juego no sólo determina el resultado de ese juego, sino que también influencia las elecciones subsiguientes. En la mayoría de los casos, los jugadores no pueden estar seguros de cuándo se producirá la última interacción. La tesis de Axelrod afirma  “cuando el número de interacciones es indefinido puede surgir la cooperación”.[3]

 

En el análisis del Dilema del prisionero se han ideado muchos modos de resolver el problema, alterando en algún punto la naturaleza de la situación que, para Axelrod, presenta en su forma fundamental los siguientes rasgos:

 

a) Los jugadores no disponen de ningún mecanismo para llevar a cabo amenazas.

b) Cada uno de ellos ha de tomar en consideración todas las posibles estrategias del otro. Además, los jugadores pueden disponer de todas las estrategias posibles.

c) No hay forma de saber lo que hará el otro jugador.

d) No hay forma de eliminar al otro jugador, ni de huir o eludir la interacción. Cada jugador debe optar por cooperar o no en cada jugada.

e) No hay forma de cambiar los pagos del otro jugador. Estos incluyen las consideraciones que los jugadores podrían tener por los intereses del otro.[4]

Bajo estas condiciones, lo único que posibilita la cooperación es la expectativa de los jugadores de volver a encontrarse en el futuro. De este modo, el futuro influye sobre la situación estratégica, aunque los jugadores valoran menos los pagos conforme se aleja en el futuro el momento de su recepción. Incluso cabe la posibilidad de que en el futuro no vuelvan a encontrarse ya sea porque el otro jugador se muda, cambia de ocupación, quiebra o fallece.[5]

 

El Dilema del prisionero iterativo es diferente de una partida de ajedrez donde lo que gana uno es lo que pierde el otro (juego de suma cero). Los intereses de los jugadores no son totalmente competitivos, ambos jugadores pueden salir mejor parados si cooperan que si no lo hacen. Pero, al parecer, un sistema de cooperación no puede emerger en una jugada, tampoco en una serie de jugadas de número conocido. Sin embargo, si ninguno de los participantes sabe cuántas veces se encontrará con el otro, si la posibilidad de que se encuentren es alta, y si la expectativa acerca del futuro no es mucho menor que la valoración del presente, la evolución de la cooperación tiene una probabilidad no nula.[6]

 

El dilema de los top manta

 

¿Qué pasa en otros países? En España se llama “top manta” a los vendedores ambulantes (casi siempre extranjeros indocumentados) que venden sobre  una manta en la vereda y cuando llega la policía levantan la manta y huyen corriendo

 

Leemos en La Vanguardia del 23 de abril de 2011

http://www.lavanguardia.es/vida/20110423/54144439483/los-manteros-reaparecen-en-la-costa-daurada.html

Para atacar el problema, algunos políticos apuntan a la solución moral (concientizar al ciudadano)

Saura anunció a finales de agosto del 2010 campañas de concienciación en todo el país para lograr que la ciudadanía no compre en el top manta, pero nada se concretó al respecto. Los nuevos responsables de Interior explican que el abordaje del problema del top manta sigue ahora encima de la mesa, según confirman fuentes de la conselleria. Interior está preparando una campaña en todo el país para sensibilizar especialmente a los compradores de los efectos perjudiciales que tiene el top manta sobre el comercio, aunque aún no se ha concretado nada.

“Hay oferta porque existe una demanda”, destaca el delegado del Govern en Tarragona, Joaquim Nin, quien incide en la necesidad de hacer extensible la campaña de sensibilización a nivel estatal. “Es necesario hacer planteamientos de conciencia a los compradores; los más perjudicados son los comercios”, apostilla Nin.

Otros apuntan a la solución legal (penalizar al comprador).

Este municipio hizo el verano pasado una campaña informativa disuasoria alertando a los compradores de que serían sancionados. Paradójicamente, uno de los problemas que deben afrontar las policías locales son las reprimendas de compradores y turistas, cuando estos ven a los agentes perseguir a los manteros por playas y paseos marítimos. “Confío en que podamos sensibilizar a los compradores, que vean que no hacen ningún favor a los vendedores ilegales, que son el último eslabón de la cadena: los menos beneficiados son los manteros”, razona Jané.

Como vemos, la “solución” al dilema es difícil de alcanzar y la idea de una “solución final” incluso puede ser peligrosa porque alienta acciones represivas, al uso de la fuerza por parte del Estado que puede llegar a presentar un nuevo dilema, esta vez entre el sostenimiento del orden legal y la injusticia de recargar el peso de la represión  criminalizando a las víctimas del trabajo esclavo puesto que  el castigo normalmente recae sobre este eslabón, el más débil, en la cadena de comercialización ilegal

 



[1] Este argumento respalda la teoría  del estado que sostienen Hobbes, para quien el Contrato Social emerge de la necesidad de asegurar la actitud altruista. DAVIS, MORTON, Introducción a  la teoría ..., ed. cit, pp.127-132

[2] AXELROD, Robert, La evolución de la cooperación. El dilema del prisionero y la teoría de juegos, Madrid, Alianza, 1984. El verbo inglés defect se traduce por defraudar o no cooperar

[3] AXELROD, A, La evolución...., ed. cit, p.22

[4] AXELROD, A, La evolución...., ed. cit, pp. 22-23

[5] AXELROD, A, La evolución...., ed. cit, p.23

[6] Para una más completa exposición de la teoría de Axelrod y la aplicación de la teoría en el campo de la selección biológica y la evolución de la cooperación social, ver SZNYCER, DANIEL, Adaptaciones Cognitivas para Intercambios Sociales: Evidencia Local y Derivaciones Teóricas, (Tesis de Licenciatura en Antropología, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, Agosto de 2002)
















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Del monstruo al estratega. Ética y juegos