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El puente y la muralla. Pensamientos de Ricardo Maliandi
Cristina Ambrosini - Dra. en Filosofía (U.B.A.) |
"El puente y la muralla
son símbolos de los dos rostros opuestos de la cultura"
Ricardo Maliandi
Ricardo Maliandi nació en La Plata, es doctor en Filosofía por la
Universidad de Maguncia (Alemania) e Investigador principal del CONICET.
Especializado en Ética, ha sido profesor titular de esa disciplina en la
Universidad de Buenos Aires y en otras del país y del exterior. Ha
publicado gran cantidad de libros y de artículos, entre los cuales se
destacan Cultura y conflicto, Dejar la posmodernidad, Volver a la razón,
entre otros.
Actualmente es presidente de la Asociación Argentina de Investigaciones
Éticas y profesor titular de Ética en la Universidad Nacional de Mar del
Plata, es también uno de los mejores pensadores con que cuenta la
filosofía en Argentina, un maestro para varias generaciones de
estudiantes, un escritor incansable y mi más querido profesor.
El 7 y 8 de mayo de este año se realizó en Mar del Plata un encuentro
organizado por la Asociación Argentina de Investigaciones Éticas -
Regional Buenos Aires-con el auspicio de la Asamblea de Alumnos de
Filosofía de la UNMdP con la intención de realizar un homenaje a la obra
de Ricardo Maliandi y una revisión de sus principales tópicos. El
principal objetivo del encuentro, protagonizado por los alumnos, fue
lograr una aproximación crítica a sus aspectos centrales, ya sea para
analizar y discutir el estatuto de ciertos elementos dentro de la obra
de Maliandi o bien para señalar aspectos relevantes en torno a dichos
conceptos en relación con discusiones actuales, en especial alrededor de
los temas "ÉTICA, RAZÓN, CONFLICTIVIDAD"
Para Maliandi la conflictividad impregna la cultura, es inevitable.
Además de ser conflictiva, la cultura tiene conciencia de su
conflictividad y así organiza instituciones destinadas a cumplir
funciones anticonflictivas (la psicoterapia, el Estado, Las Naciones
Unidas, entre otras). Aunque no se pueda predecir cómo será tal o cual
conflicto particular, es posible establecer "formas conflictivas", según
Maliandi. En el fondo conflictivo del hombre, ubica una oposición
fundamental: la tendencia permanente hacia lo que falta junto a la
tendencia a proteger lo ya conquistado; lo prospectivo (la adquisición
del futuro) y lo retrospectivo (la conservación del pasado) asociados,
ahora, a los impulsos de ataque y defensa. En su artículo El puente y la
muralla, editado en el libro Cultura y conflicto, Buenos Aires, Biblos,
1984, Maliandi cita la obra del filósofo árabe Abengaldún (1332-1406)
quien elaboró la primera filosofía de la historia, según Ortega y
Gasset, sobre la experiencia directa de las luchas entre nómades y
sedentarios asentados en los oasis del norte de África. Allí, nomadismo
y sedentarismo son vistos como actitudes humanas conflictivas, que se
excluyen pero, a la vez, son complementarios, simbolizan lo prospectivo
y lo retrospectivo, respectivamente. El enfrentamiento entre estas dos
tendencias constituye el inevitable conflicto intrínseco de la cultura,
afirma Maliandi.
El sedentarismo construye murallas. Piedra sobre piedra, la muralla
aísla y protege a la vez que delata la codiciabilidad de lo que guarda
intramuros.
Los nómades, en cambio, construyen puentes que les permiten sortear los
penosos obstáculos de sus rutas migratorias. Toda técnica bélica no es
más que una prolongación de la necesidad básica de tender puentes o
construir murallas. Cuando el nómade logra vencer la muralla, el
sedentario la perfecciona. "Volar un puente" equivale a levantar una
muralla, a restituir el obstáculo natural mientras que "perforar la
muralla" implica crear un puente a través del obstáculo cultural. El
puente levadizo es parte de la muralla medieval cuando busca detener al
invasor. El "asedio", a diferencia del "asalto" es la paciente espera de
que la muralla sea abierta desde adentro, lo que prueba que el
sedentarismo puro, el aislamiento completo, la protección perfecta, no
existe. El sedentario necesita salir del encierro cada tanto lo que
evidencia la precariedad de toda muralla. Una síntesis de nomadismo y
sedentarismo da origen a los grandes imperios, según se admite en este
análisis. La muralla encierra y, a la vez, despierta la necesidad de
expansión. La fuerza del imperio es la fuerza ciega de crecer y cuando
se detiene el crecimiento, comienza su decadencia. El impulso expansivo
proviene del nomadismo ancestral que late en el sedentario amurallado.
La sucesión nomadismo, sedentarismo, imperialismo está determinada por
la ineliminable conflictividad fundamental entre lo prospectivo y lo
retrospectivo, entre la necesidad conflictiva de expansión y
conservación.
"El imperialismo representa una creciente complicación en la dinámica
propia de las instituciones-puente y las instituciones-muralla que se
enfrentan en toda forma de vida política"
El imperio no puede amurallarse completamente. El caballo de Troya es el
ejemplo del puente furtivo, del espionaje, de la infiltración que en las
sociedades capitalistas se institucionaliza a través de las "grandes
inversiones", en la propaganda política, en la manipulación de la
opinión pública. Las instituciones-muralla, en cambio, provienen de la
astucia del sedentario y se elevan como murallas invisibles cuando las
visibles ya fueron derribadas. De allí el surgimiento de la policía, la
aduana y los distintos medios de censura o control social. Dentro del
imperio, las colonias requieren una doble fortificación amurallada,
tanto para contener al invasor foráneo como para sofocar cualquier
intento de rebelión interna.
Actualmente, el conflicto nómades-sedentarios se evidencia se múltiples
aspectos de la vida urbana. Las grandes masas migratorias, expulsadas de
su territorio de origen por la pobreza y/o los conflictos bélicos
amenazan la seguridad de los sedentarios prósperos del mundo que no
dejan de levantar nuevas murallas, visibles e invisibles, para resistir
y repeler al invasor. Otras formas de la muralla medieval las
encontramos en los barrios cerrados.
Obsesionados por la seguridad, los sedentarios eliminan bancos y
refugios públicos para evitar que los nómades se instalen en ellos. Poco
a poco esta obsesión ha ido deshumanizando el espacio público. Al
respecto, Paul Virilio afirma "la oposición nómade-sedentario resurgirá
intramuros. La megalópolis del futuro será una sociedad
hipersedentarizada que vivirá a dos velocidades. Por un lado los
sedentarios privilegiados, que vivirán a la velocidad absoluta de la
telecomunicación, del teletrabajo, de la teleacción; por el otro, los
nómadas, sin domicilio fijo, de paro o no, que irán tirando a la
velocidad de su "mobile-home" o de su propio pie. "Urbanautas", "travellers",
"homeless" son términos que sirven para designar a quienes nomadizan
actualmente la vida de los sedentarios.
Por contraste y en otro plano de análisis, El nomadismo, vagabundeos
iniciáticos, es el título del libro de reciente aparición de Michel
Maffesoli, director del Centro de Estudios sobre lo Actual y lo
Cotidiano de la Universidad de la Sorbona quien, mediante la metáfora
del nomadismo, expone la resistencia del hombre contemporáneo a
confinarse en un solo domicilio, una sola profesión, un núcleo familiar
determinado, incluso una identidad sexual. La navegación libre por
internet, el comportamiento de las muchedumbres en los centros
comerciales, el éxodo y, en general, los medios por los que el individuo
expresa un nuevo deseo de libertad son objeto de estudio.
Como vemos, el conflicto nómades-sedentarios, expresado a través de los
símbolos del puente y la muralla, destacados por Maliandi hace ya más de
veinte años, cobran nueva vigencia. Desde esa época, Maliandi nos
recuerda que si bien es "racional" buscar soluciones a los conflictos,
no es racional buscar la eliminación de la conflictividad que, como tal,
es ineliminable por lo que toda planificación de "solución final" además
de ineficaz normalmente resulta neciamente criminal.
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Cristina Ambrosini |