Platón y Aristóteles Cristina Ambrosini  
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El sombrero de Mario
Cristina Ambrosi


El sombrero de MarioLa muerte es un escándalo, nos descoloca, casi siempre nos encuentra desprevenidos mirando para otro lado y poco preparados para asumirla a pesar de que ya sabemos que “todos los hombres son mortales” y que lo que le pasó a Sócrates (con o sin cicuta) nos pasa o nos pasará a todos los que somos mortales. Para Carlos Astrada la Vida es un gran juego y en tanto jugadores somos siempre perdedores porque el telón de fondo de todas las jugadas, siempre, es el límite de la muerte. Pero ni el “ser para la muerte” de Heidegger ni toda la filosofía de la finitud nos sirve para nada cuando llega la catástrofe de la muerte de un ser querido y como pensaba y dejó escrito Levinas no es nuestra muerte sino la muerte del Otro lo que nos interpela. Para Epicuro no hay ningún mal en la muerte ni hay que tenerle miedo porque cuando ella está, uno ya no está. Pero Epicuro no toma en cuenta el tema de la muerte de un amigo cuando dice esto porque cuando ella está, nosotros seguimos estando y ya después no sabemos cómo seguir estando.

La muerte de mi amigo Mario Heler ocurrió de un modo absolutamente inoportuno e inesperado el 22 de agosto de este año y recién ahora quienes lo quisimos parece que empezamos a transformar el dolor de la pérdida en palabras, empezamos primero a escribirnos y luego a escribir sobre lo que Mario fue para nosotros. Buscando fotos de Mario encontré una donde, en una de las ahora inolvidables tardes de sábado de reunión de UBACyT en Sociales, me puso su sombrero y me sacó una foto con su celular para luego mandármela por mail. Ahora, viendo la foto, me siento protegida por el sombrero de Mario y es esta sensación la que quiero preservar de su paso por mi vida.

 

 

Unas palabras sobre Mario Heler

Mario Heler no deja de acompañarnos desde el 22 de agosto de 2010, pero ya no contamos con su presencia y con su calidez para sobrellevar el modo en que nos sigue haciendo falta.
Intelectual dinámico, intenso y punzante, a lo largo de sus menos de 60 años procuró hacer de la filosofía una herramienta de elucidación, y la llevó más allá de las fronteras disciplinares, más allá de las obligaciones institucionales, más allá de los rituales académicos. Los últimos quince años de su vida se aplicó a inquietar con ella el campo intelectual y profesional del Trabajo Social, contribuyendo a fecundar ambos espacios.

Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, Profesor Regular de esta misma Universidad e Investigador Adjunto del CONICET; conferencista en el país y en el extranjero; activo participante en Jornadas, Congresos y Simposios, también supo, y a eso dedicaba mucho de su tiempo, ejercer con claridad y generosidad la dirección de tesis de Maestría y Doctorado, de Proyectos de Investigación y de clases de postgrado; tampoco desdeñaba participar de la vida político-institucional universitaria. Sus ámbitos preferidos fueron la Filosofía Social, en la que inció una línea de docencia e investigación original y propia, la Ética y la Filosofía de la Ciencia.

Nos ha dejado muchas escrituras disímiles; entre ellas se destacan sus cuatro libros más recientes: Individuos: persistencias de una idea moderna, Buenos Aires, Biblos, 2000; Jürgen Habermas y el proyecto moderno: cuestiones de la perspectiva universalista, Buenos Aires, Biblos, 2007; Ciencia Incierta: La producción social del conocimiento, Buenos Aires, Biblos, 2008; Lógicas de las necesidades: la categoría de las "necesidades" en las investigaciones e intervenciones sociales, Buenos Aires, Espacio Editorial, 2010.

También nos ha legado un sinfín de artículos que es imposible leer sin sentirse interpelado vitalmente, y sin redescubrir, en cada una de las nuevas lecturas que exigen, algo siempre igualmente renovado, algo que tampoco se detiene en las letras de molde. Su voz articulaba claras conferencias que excluían el tedio y la autocomplacencia, invitando permanente a “pensar lo que hacemos y hacer lo que pensamos” en el campo del Trabajo Social (y no sólo).

Pero más allá (o más acá) de su producción intelectual, ¿quién era Mario?

Mario fue maestro de escuela primaria, profesor de Filosofía y Dr. en Filosofía. Y también, fue nuestro Maestro, nuestro amigo y nuestro mentor (él hacía posibles estas raras combinaciones). El magisterio entendido como un trabajo cooperativo entre pares, junto a sus estudiantes, sus discípulos y sus colegas, fue la raíz de su vida, y esa particular forma de acompañarnos queda en nuestros cuerpos como esas pocas marcas grabadas con pasión, intensidad, que llevamos con orgullo. Porque trabajar con Mario no podía generar otra cosa más que crecimiento; porque sus incansables sugerencias “hasta de las comas” invitaban -y obligaban tiernamente- a superarse.

Nos acompañó con generosidad, respetando nuestras divergencias teóricas, políticas y de intereses, sin cálculos ni condiciones. Cualidades que no abundan en el medio académico y sabemos han hecho escuela en nosotros.

Los que tuvimos la suerte de encontrarnos con él lo recordamos siempre...
Gracias Mario.


Mario Heler, profesor

Mario Heler
Mario Heler, Profesor Titular de la cátedra de Filosofía Social de la carrera de Trabajo Social ha dejado, el día 22 de agosto, de acompañarnos. Al estupor y dolor de esta muerte repentina le sigue esa gran tristeza que se llama ausencia. Pero a los arrebatos de la muerte le gana siempre la memoria que dejan las vidas atravesadas con pasión.
El Profesor Heler ha sido sobre todo una singular mezcla de intelectual inquieto y apasionado. Con esa inquietud y pasión preparaba y dictaba sus clases, se organizaba el programa de la cátedra, se discutían y seleccionaban las lecturas. A lo largo de estos años procuró hacer de la filosofía una herramienta de elucidación, que indudablemente habría de extenderse más allá de las fronteras disciplinares, aplicada al campo intelectual y profesional del Trabajo Social. Su especialización en temas que abarcan la Filosofía Social, la Ética y la Filosofía de la Ciencia y su actividad tanto en esta Casa de Estudios como en otras universidades nacionales y extranjeras entre otros ámbitos, así lo testifica.
El desarrollo de su vida académica ha sido intenso. Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, Profesor Regular de esta misma Universidad e Investigador Adjunto del CONICET, autor de cuatro libros y de numerosos artículos, Conferencista en el país y en el extranjero, activo participante en Jornadas, Congresos y Simposios, también supo, y a eso dedicaba mucho de su tiempo, ejercer con claridad y generosidad la dirección de tesis de Maestría y Doctorado, de Proyectos de Investigación y el dictado de clases de postgrado sin desdeñar la participación en la vida político-institucional de la universidad.
Quienes compartimos este y otros tiempos con Mario, quienes tuvimos la suerte de ser sus amigos, sus colegas, sus alumnos, sus tesistas, vamos a extrañarlo mucho. Y entendemos que es esta una perdida para todos los que somos parte de esta comunidad.
Quedan truncos sus proyectos, que eran muchos, y sus actividades que eran, ¡si es posible!, todavía más. Pero también quedan sus bromas, sus gestos, su originalidad. Y claro, sus ideas que algunos conservarán en la memoria de las clases, y que otros encontraran en la lectura de esos objetos que llamamos libros. Curiosos objetos esos, que cobran vida cuando son escritos con el cuerpo y la pasión. Así, los escribió Mario.
Así queremos recordarlo.

Patricia, Nidia, Jorge, Sebastián, Martín, Alejandro.
Compañeros de Cátedra.
Romina, Tamara, Paula, Ana y Nicolás
Becarios























Cristina Ambrosini
Cristina Ambrosini