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“Lino Barañao tiene, a los 54 años, la tarea de armar una cartera cuya
creación ostenta el raro privilegio de no haber cosechado críticas”
Hasta ahora, agregamos. Las periodistas preguntan:
–Usted habla de priorizar el desarrollo en software, biotecnología y
nanotecnología, ¿qué pasa con las ciencias humanas?
–Es
infundado pensar que son las cenicientas, porque tienen un
financiamiento equivalente a cualquiera de las áreas de las ciencias
básicas y durante mucho tiempo tuvieron un financiamiento superior en
términos de los insumos que requerían. Insisto en que este cambio que
queremos dar exige la participación activa de áreas humanísticas, desde
la filosofía tradicional hasta la lingüística o la antropología. Pero a
mí me gustaría ver un cierto cambio metodológico; estoy tan acostumbrado
a la verificación empírica de lo que digo, que a veces los trabajos en
ciencias sociales me parecen teología.
–Esto va a provocar un gran debate...
–Creo que no hay un motivo por el cual las áreas humanísticas deban
prescindir de la metodología que usan otras áreas de las ciencias.
El
concentrado de ideas presentes en las dos respuestas, merece ser
analizado y, de hecho, las respuestas no se hicieron esperar. En otra
nota de Página 12 del sábado 12 de enero, Atilio Boron, en una nota
titulada “¡No somos teólogos!”, refuta en los siguientes términos los
dichos del ministro:
“En
la entrevista asegura que las humanidades y las ciencias sociales “no
son las cenicientas” del sistema científico “porque tienen un
financiamiento equivalente a cualquiera de las áreas de las ciencias
básicas y durante mucho tiempo tuvieron un financiamiento superior en
términos de los insumos que requerían”. Este juicio es insólito en un
hombre tan “acostumbrado a la verificación empírica” como él mismo se
define. Para refutar su afirmación bastaría con comparar, en el caso de
la Universidad de Buenos Aires, la proporción de docentes con dedicación
de tiempo completo a la enseñanza y la investigación en la Facultad de
Ciencias Sociales y en la Facultad de Ciencias Exactas. Mientras que en
el primer caso se trata de una cifra ínfima, en el segundo abarca, y en
buena hora, a la casi totalidad de su planta profesoral. Otro elemento
que debería añadirse a la comparación es la articulación existente entre
el sector privado, e inclusive las agencias del Estado, y los
investigadores: mientras que en el caso de Sociales esa vinculación es
prácticamente inexistente, en Exactas constituye un importante vehículo
de reforzamiento presupuestario. Hay otros elementos que, de agregarse,
reforzarían aún esta conclusión. Por lo tanto, el análisis empírico
demuestra que nuestra situación no es la que describe el ministro sino
mucho peor, y que es preciso remediar cuanto antes”
¿De
dónde viene la sospecha de que las ciencias sociales estén haciendo
teología?
En 1817 Augusto Comte
(1798-1857)
es estudiante de medicina en París y toma contacto
con Saint-Simón de quien recibirá una fuerte influencia en lo
concerniente a las ideas renovadoras que permitirían eliminar las
guerras y las miserias de Francia. En 1830 formula su propio pensamiento
en el
Curso de filosofía positiva
cuya publicación en seis volúmenes tardó doce años.[1]
En esta obra Comte formula la Ley de los tres estados según la cual la
humanidad atraviesa por tres fases sucesivas:
1) El estado teológico: transcurre desde el fetichismo hasta el
monoteísmo. En el campo del conocimiento corresponde al estadio
precientífico de los milagros y el pensamiento mágico.
2) La fase metafísica que crea divinidades terrenales al hablar de
“fuerzas”, “propiedades”, etc. lo que lleva a un monoteísmo profano.
3)
El estado positivo desenmascara la esterilidad y el carácter puramente
verbal de las afirmaciones metafísicas. El intelecto no busca explicar
hechos aislados sino que trata de descubrir las Leyes que gobiernan los
fenómenos valiéndose de la observación y la experimentación.
Si
bien sus obras no le proporcionaron una posición social, le permitieron
propagar sus ideas entre un grupo de sabios selectos que al final de los
años ‘40 fundaron la Sociedad Positivista a la vez que convertían las
ideas comtianas en objeto de un nuevo culto laico. Comte sienta las
bases de una nueva ciencia a la que llamará “física-social” que será
luego la Sociología. A partir de la unidad metodológica que postula,
esta física-social deberá alcanzar el punto de completa cientificidad y
positividad del conocimiento humano ya que intenta abarcar el logro de
las ciencias naturales aplicadas a la interpretación de la política y la
economía, proyecto que encontrará amplia recepción en el siglo XX. Comte
encuentra un orden de jerarquía entre las distintas ciencias al
encontrar dos principios ordenadores: La generalización y la complejidad
donde a mayor generalización, menor complejidad y viceversa. De este
modo las ciencias matemáticas son las más generales y menos complejas,
le sigue la astronomía que tiene una extensión más limitada pero que
supone el estudio de una propiedad: la fuerza. A ellas le sigue la
física con el estudio de la luz y el calor; la química y la biología
agregan más complejidades en menos objetos. Finalmente la sociología es
el estudio más complejo y menos universal del conocimiento humano. Este
orden no es sólo lógico sino también histórico y pedagógico ya que las
matemáticas adquieren su rango positivo entre los antiguos griegos
mientras que la astronomía lo consigue con Copérnico, Kepler y Galileo;
la física en el siglo XVII con Huygens, Pascal, Papin y Newton; la
química en el siglo XVIII con la obra de Lavoisier y la biología
en el siglo XIX con Bichat y Blainville. Con respecto a la
sociología era de esperar que el propio Comte desarrollara su programa
puesto que él se considera a sí mismo el Galileo de las ciencias
sociales. Para Comte esta jerarquía imponía la necesidad de estudiar las
ciencias en el mismo orden en que abandonaron la fase metafísica para
alcanzar el estadio positivo. Desde este punto de vista la unidad de las
ciencias no descansa en una reducción de lo superior a lo inferior sino
a través de su dependencia recíproca y bilateral en la cual todas se
presentan como fragmentos de la misma totalidad social puesto que la
especie humana en su totalidad es el campo de estudio de la ciencia.
El fisicalismo es citado, a menudo, como el
más claro ejemplo de
reduccionismo cientificista, el que consiste en la asimilación del
pensamiento racional con el pensamiento científico y la posterior
asimilación entre el pensamiento científico con las teorías
fisico-naturales lo que conduce a una forma de dogmatismo autoinmune a
la crítica. A pesar de la fuerte adhesión que gozó esta posición entre
los positivistas lógicos, en la práctica científica condujo a grandes
dificultades ya que la historia de las ciencias registró el fracaso, o
al menos el estancamiento, del programa fisicalista o de cualquier otra
forma de lenguaje unificado. El propio Rudolf Carnap, uno de los
defensores del lenguaje fisicalista, efectuó una extensa autocrítica en
un reportaje de 1953, publicado en Revista de Occidente, Madrid, Año VI,
Nº 64, julio 1968. Allí se le pregunta si ha modificado el concepto de
“fisicalismo”, seguramente en vista al auge de posiciones rivales,
demoledoramente críticas (el refutacionismo de Popper y el ascenso de
posiciones fuertemente críticas al positivismo),
contesta:
-Sí,
esa temprana concepción se ha modificado en puntos esenciales. Hoy ya no
diríamos ya que todas las proposiciones han de poder traducirse en el
lenguaje de la física (…) Hoy lo expresaríamos en un lenguaje más amplio
y flexible. (…) También se cree frecuentemente que exigimos la
cuantificación de la ciencia antes de que se la reconozca como tal. Esto
no es cierto. Es solamente la meta. Señalamos como ideal que una ciencia
es más efectiva si puede utilizar métodos cuantitativos. Pero en cada
rama científica debe investigarse hasta qué punto esto es posible y
fructífero.
Con respecto al
principio de verificabilidad,
también se derrumbó la ilusión dogmática de encontrar un criterio para
distinguir entre ciencia y no ciencia. Las críticas pusieron en
evidencia que este criterio excluye todas las oraciones de forma
universal y, por lo tanto, todos los enunciados que expresan leyes
generales, las que no pueden ser verificadas concluyentemente por un
conjunto finito de datos observacionales. En el otro extremo,
el concepto es demasiado tolerante cuando permite que sea
verificable la oración “S o N” en el caso en que S sea una oración
verificable y N no verificable[2].
Se hicieron varios intentos para evitar estas acusaciones interpretando
el criterio de verificabilidad como confirmabilidad parcial
e indirecta de las hipótesis empíricas por medio de pruebas
observacionales.
Atendiendo a la crítica de que las ciencias
sociales no utilizan métodos
“verificacionistas”, podemos repasar lo que sabe cualquier alumno
del CBC que haya cursado con provecho el curso de IPC: el
verificacionismo es un programa estancado, por no decir fracasado y
superado por la epistemología de los últimos 60 años. Para decirlo en
términos más contundentes, el verificacionismo es, para algunos, una
“ruina intelectual”, ha sido tachado de concepción ingenua,
excesivamente optimista, acrítica, dogmática, cientificista y otra
cantidad de sinónimos con los que, en la jerga, se descalifica a las
teorías. El ministro espera “incentivar la
divulgación científica para
conjurar creencias
fundamentalistas que atentan contra la convivencia civilizada”.
Revisar los propios prejuicios es un modo de conseguirlo.
El
debate en
www.pagina12 .com.ar/diario/ elpais/1- 97152-2008-
01-07.html
www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-97378-2008-01-12.html
[1] Comte publicó en 1842 Tratado elemental de geometría analítica ,en 1844 el Tratado filosófico sobre la astronomía popular y su Ensayo sobre el espíritu positivo, de 1851 a 1854 su Sistema de política positiva, en 1854 el Catecismo positivista, en 1856 la Síntesis subjetiva o el sistema universal de las ideas relativas al estado normal de la humanidad [2] Ver Carl Hempel, “Problemas y cambios en el criterio empirista de significado”, Revue Internationale de Philosophie, vol.4, 1950 |
![]() Cristina Ambrosini |
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