En un frío día del invierno de Buenos
Aires, sobre la calle Florida, la gente iba y venía ensimismada,
padeciendo las amenazas de la epidemia de gripe A y los
trastornos de tránsito originados por dos de las tantas
manifestaciones que ocurren en el microcentro porteño. Como
aterrizados de otro mundo y ajenos a
cualquier otra
preocupación, al ritmo de la música deProvócamede Chayanne, unas chicas ensayan una coreografía frente a
la mirada de los transeúntes. Algunos se detienen y miran
divertidos los movimientos, a los pocos minutos ya son varios
los que se contagian y al ritmo de la música mueven el cuerpo
como queriendo imitar los movimientos de los bailarines. A los
pocos segundos algunos no resisten la tentación y se alinean
para sumarse a la coreografía. En otra escena vemos que ya se
armó el baile, Chayanne invade el aire, los cuerpos coordinan
sus movimientos, las caras denotan placer, alegría y exaltación
de los sentidos. Está claro que una nueva realidad suspende toda
preocupación anterior, un importante número de personas de
distintas edades, algunos con el uniforme de trabajo, carteras,
mochilas y abrigos se esfuerzan por seguir el paso. Otros
participan como espectadores siguiendo la letra de la canción y
los movimientos mientras muchos otros sacan fotos o filman con
sus celulares en una comunión de diversión y alegría. Un
uniformado de la Policía Federal se detiene y observa todo
expectante. Parece que no tiene en claro cómo actuar, si
mantenerse al margen, sumarse a la fiesta o dar parte a sus
superiores. ¿Qué está pasando?, parece preguntarse. ¿Será un
distractivo para saquear negocios, una forma novedosa de campaña
política? Donde hasta hace un rato circulaban personas
desconocidas e indiferentes ahora hay una fiesta donde todos se
sienten partícipes de una comunidad, de una orgía que los
arrastra como un imán irresistible. Todo transcurre en minutos,
la música cesa, todos aplauden, festejan el final de la fiesta y
al rato todo vuelve a ser lo que era.
Así pasó según un video subido a youtube
Así lo informó TELEFE
¿Qué fue lo que pasó?
Una marca de cerveza, Brahma,montó
este experimento social para usarlo en una de sus
propagandas.Seguros
delresultado,
pusieron a dos o tres bailarines a ensayar la coreografía de
la canción que identifica la marca yal
rato se desencadenó la reacción esperada. Experimentos de
este tipo pueden verse también en youtube que se hicieron en
terminales de trenes o lugares muy concurridos y como
movidos por un mismo resorte las personas reaccionaron
igual.La
pregunta es ¿de dónde surge este impulso de participación,
de comunión, que suspende todo lo instituido hasta el
momento para fusionar las voluntades en un destinocomúnque
suspende (por un rato) el orden imperante, para instalar
otro orden que expresa un exceso de vitalidad, de alegría y
placer?
Unarespuesta
podría ser la de Nietzsche cuando caracteriza al “impulso
dionisíaco”.Dionysos,
el dios cabrío, puede ser visto como una estructura
antropológica, algo que perdura a través de los siglos y
que, cada tanto, encuentra la manera de expresarse, queimplantauna
comunión que suspende lasdiferencias,
loscompromisos y
las cobardías. Dionysos permite la salida de sí, deshace las
trabas institucionales.Entre
los medios que cada sociedad utiliza para reinstalarel
placer en medio del tedio de la vida corriente, para
hacer legal el exceso, por un rato,para
suspender momentáneamente el esfuerzo constante de las
instituciones para crear costumbres, está la fiesta.
Allí se presentaDionysos
que es visto como recuerdodel
estar-juntosy
con ello vivifica, renueva yreasegura
la estabilidad de la sociedad.Las
consecuencias sociológicas de esta visiónnietzscheanade
la vidano se
hacen esperar. Según el sociólogo francés Michel Maffesoli,hay
un sobrante en la vida social,un
exceso yel
sociólogo tiene que ver con lo ilógico, con la pasión, con
lo imaginario que también estructura la actividad humana. Lo
que constituye la riqueza de la vida, lo que se desborda y
no puede ser atrapado conceptualmente, representa un peligro
para los reduccionismos cientificistas. Nunca se insistirá
bastante en la parte lúdica de la socialidad, afirma
Maffesoli, ya que no puede reducirse a una finalidad
estrecha, no hay un “para qué”, por el contrario, se nutre
de la pasión, la incoherencia y la efervescencia. Una vida
sin objetivo, marcada por lo efímero, no es por ello menos
plena de intensidad. El “vivir más” (mehr
lebens) que se transforma
en “más que vivir” (mehr
als lebens)afirma
enEl
instante eterno. El retorno de lo trágico
en las sociedades posmodernas,Buenos
Aires, Paidos, 2005.En
este planteo se admite que Nietzsche y su decir “sí a la
vida” es una fuente de inspiración para comprender nuestro
tiempo. Los objetos fetiches (cualquiera que sean:
vestimenta, teléfono celular,gustos
musicales) son constitutivos de las personas, en el sentido
etimológico de “máscara”, en los diversos roles de la
teatralidad. Estos rituales, signos de reconocimiento,
constituyen los cimientos del lazo social muchos más fuertes
que la moral universalista de los derechos del hombre, de la
política, del contrato social. Este “lugar que hace lazo”
sería el receptáculo de un destino común. En este sentido,
el territorio, festivo o banal, es la metáfora del cosmos,
delmundus,
elmitwelt
Dentro de esta visión de la fiesta, lo
dionisíaco que irrumpe esporádicamente, reaparece cada tanto
como una válvula de escape, por un rato, más que para
destruir el orden imperante, para aflojar la tensión, para
renovar las fuerzas de cohesión. Sin prohibiciones y sin
normas represivas no hay comunidad posible pero tampoco este
aspecto agota el fenómeno de la socialidad. Maffesoli
destaca el carácter de la “socialidad”: un ser-juntos
primordial, arquetípico, que pone en escena los caracteres
reputados como “frívolos”, a fin de celebrar la vida, aunque
sea teatralizando la muerte, como si la fiesta supusiera un
gesto de burla a la muerte a la vez que renueva los
cimientos del estar-juntos.La
frivolidad y la apariencia señalan la finitud y la
impermanencia de todas las cosas. Llegando al reconocimiento
del otro, vivo, al lado mío, sobre un territorio común,llegamostambién
al reconocimiento y a la aceptación del otro en mí mismo.