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La xenofobia y la comunidad de los puercoespines
Cristina Ambrosini
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”Un fantasma sobrevuela el planeta: el fantasma de la xenofobia. Las
sospechas y animosidades tribales antiguas y modernas -que nunca se
extinguieron por completo y han sido recientemente sacadas del
congelador y puestas a recalentar- se han mezclado y combinado con la
flamante sensación de inseguridad que se destila de la incertidumbre y
desprotección de nuestra moderna existencia líquida”
Zigmunt Bauman, Modernidad líquida.
“España
ha firmado con 20 países extracomunitarios los acuerdos de repatriación
de emigrantes que son imprescindibles para aplicar la nueva directiva
europea de expulsión de residentes ilegales, según el inventario
publicado ayer por el Instituto Europeo Universitario (EUI) de
Florencia. El documento del prestigioso centro de estudios de posgrado
revela que los acuerdos de deportación firmados por los 27 países de la
UE afectan ya a ciudadanos procedentes de 111 países de los cincos
continentes. El inventario sitúa a España entre los socios comunitarios
que más acuerdos bilaterales han firmado con terceros países. Alemania,
Francia e Italia también encabezan ese listado”.
Leyendo esta noticia, me viene a la memoria una célebre imagen acuñada
por Arthur Schopenhauer, luego resignificada por el mismo Sigmund Freud.
Tratando de caracterizar la complicada sociabilidad del “animal
gregario” que habita en nosotros y, a la vez, cohabita con el “miembro
de la horda primitiva”, Schopenhauer imaginó esta alegoría donde, en un
crudo día invernal, para defenderse del frío de la nieve, los
puercoespines de una manada se apretaron unos contra otros para
prestarse mutuo calor. Pero al hacerlo así, se hirieron recíprocamente
con sus púas, y hubieron de separarse. Obligados de nuevo a juntarse,
por el frío, volvieron a pincharse y a distanciarse. Estas alternativas
de aproximación y alejamiento duraron hasta que les fue dado hallar una
distancia media en la que ambos males resultaban mitigados. Así la
necesidad de sociedad lleva a los hombres a juntarse pero sus numerosas
cualidades repulsivas y sus insoportables defectos los alejan nuevamente
y tornan insoportable la convivencia. Freud no tardó en sacar
conclusiones sociológicas cuando afirma:
“Los grupos étnicos afines se repelen recíprocamente; el alemán del Sur
no puede aguantar al del Norte; el inglés habla despectivamente del
escocés y el español desprecia al portugués. La aversión se hace más
difícil de dominar cuanto mayores son las diferencias y de este modo
hemos cesado ya de extrañar la que los galos experimentan por los
germanos, los arios por los semitas y los blancos por los hombres de
color”.
Al parecer, según esta idea, una comunidad puramente inclusiva,
fraternal y tolerante es una utopía. Todo modelo de orden social es
selectivo y exige el recorte, afirma en estos años el sociólogo Zigmunt
Bauman. La poda, la segregación, la separación o la extirpación de
aquellas partes que aparecen como “sobras” es la parte esencial de las
políticas de Estado. Los pasaportes, las visas de entrada y salida, las
aduanas y los controles migratorios son el centro de interés de las
políticas estatales.
Ya no hay “estatuas de la Libertad” que reciban a las masas migratorias
oprimidas. En este ambiente se advierte un especial recrudecimiento de
la xenofobia, de los fantasmas del tribalismo, al calor de la creciente
sensación de inseguridad. “Culpar a los inmigrantes” –los extranjeros,
los recién llegados– de la paralizante sensación de inseguridad se va
transformando en un hábito político redituable. Así, según Bauman,
el panorama europeo no puede ser más desalentador: los alemanes culpan a
los polacos, los polacos a los ucranianos, los ucranianos a los
kirguices y a los uzbekos, mientras que los países demasiado pobres para
atraer a vecinos desesperados como Rumania, Bulgaria, Hungría y
Eslovaquia, dirigen su cólera contra los sospechosos de siempre: los
gitanos, que son nativos pero errantes, por lo tanto, son siempre y en
todas partes, recién llegados y extranjeros.
La idea comunidad de los puercoespines, tomada de una analogía
presentada por Schopenhauer, desarrollada luego por Freud, marca las
dificultades y tensiones presentes en la comunidad que nos obliga a
estar juntos y separados al mismo tiempo. Bauman utiliza el término
alemán “Unsicherhei” para caracterizar el tipo de
sentimiento que predomina en la actual sociedad globalizada. Según nos
indica, tres términos necesita el español para conceptualizarlo:
“incertidumbre, inseguridad y desprotección”. Vivir en la incertidumbre
parece ser el único estilo de vida posible ya que las instituciones
políticas que deberían proteger a las personas del ejercicio del poder
no generan confianza. Lo político ocurre por fuera de la política.
Mientras lo privado se abisma en la “desconfianza existencial
corrosiva”, lo público se ha retirado buscando amparo en lugares
políticamente inaccesibles. La tendencia más marcada de nuestra época es
la separación del poder de la política: mientras el primero fluye o
tiene una representación extraterritorial, el segundo tiene carácter
local. Como consecuencia, la crisis actual del proceso político, según
interpreta el autor, radica en la ausencia de una agencia capaz
legitimar, promover o cumplir cualquier conjunto de valores. Adoptando
una actitud normativista, Bauman propone: “La política debe ponerse a la
altura del poder que se ha liberado para vagar, sin control, por el
espacio de lo político. “(…) lo que hace falta es “un nuevo
internacionalismo”.
Con todo, el nihilismo y la desesperanza parecen ser, en el pensamiento
de Bauman, cuestiones de conformistas y cobardes Es discutible, es una
punta para ir pensando.
FREUD, S., Psicología de las masas y análisis del Yo -
1920 [1921] SCHOPENHAUER, ARTHUR Parerga y Paralipomena,
Aforismos, Sobre la sabiduría de la vida, traducción de Antonio Zozoya,
Madrid, Biblioteca Económica Filosófica, 1889, pp.42-47
BAUMAN, ZIGMUNT, Amor líquido, Buenos Aires, Fondo de
Cultura Económica, 2005.
BAUMAN, ZIGMUNT, La sociedad sitiada, Buenos Aires, Fondo
de Cultura Económica, 2004.
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Cristina Ambrosini |