Platón y Aristóteles Cristina Ambrosini  
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Viajo, luego existo. Los viajes de Gulliver

Cristina Ambrosini

 

¡¡Anda viajero. Adelante!!

¡Todavía no has descubierto al hombre!

Aún quedan muchos países y

muchos mares que ver….

¿Quién sabe a quien encontrarás todavía?

¡Quizás a ti mismo!

Friedrich Nietzsche

 

Como afirma Nietzsche, los viajes son procesos de descubrimiento, básicamente de autodescubrimiento. El viaje es una experiencia de tránsito, de transición, es un pasaje del que nunca se vuelve tal como se partió. Todo viaje es una aventura, una incursión en lo desconocido, en lo distinto, en lo que desafía nuestros hábitos y nuestras creencias más estables. Viajar es, en principio, abandonar la seguridad de lo conocido para internarnos en terra incognita, allí donde somos extranjeros pero donde esperamos ser recibidos como hostis. Hostis es el peregrino, el extranjero y hospes es el que lo recibe. Originalmente, el término hospes significa “el que hospeda” aunque en su uso ha devenido actualmente en su contrario, “la persona hospedada”. Hostis, como el griego xénos, en su origen, no significa “enemigo”, por el contrario, se asimila mejor al phílos, al amigo, el que es sagrado y debe ser respetado en su diferencia. Según Massimo Cacciari afirma en El Archipiélago, Buenos Aires, Eudeba, 1999, para los antiguos pueblos mediterráneos, la hospitalidad es un proceso dialéctico que no da lugar a la asimilación del hostis o del xénos justamente porque es sagrado en su otra identidad e individualidad respecto a la del huésped. El hostes es también siempre hostis, está siempre en condición de llegar a ser un caminante, un viajero, alguien necesitado de hospitalidad. Hostis y hospes, así, no son dos personajes distintos sino dos estados dentro de la dinámica del viajar que los incluye a ambos. Al respecto afirma Cacciari:

 

“Dos naves, hostis y hospes “cada una de las cuales tiene su meta y su camino”, pueden encontrarse y celebrar fiestas entre sí, pero jamás detenerse, jamás devenir-uno, jamás reducirse a lo mismo. Justamente en el momento en que se reconocen, “la omniposesiva violencia de nuestra tarea nos obliga a separarnos de nuevo, a andar por mares y por suelos diversos”. Ésta es la ley que está por sobre ellos: ser amigos en el ser extraños. Y estar por esto siempre “abiertos” a la posible catástrofe de la propia xenía, ya que nada asegura lo xénos al philos, nada garantiza tal relación. Ésta es, por el contrario, la más arriesgada.”

 

Actualmente las cosas han cambiado, los viajeros ya no son considerados hotis sino inmigrantes, exiliados, refugiados o, en el mejor de los casos, turistas y no encuentran ya huéspedes con quienes cohabitar en la diferencia y el contraste, sino individuos “idiotas” que no recuerdan haber sido ellos también extranjeros. 

Si el mar es el lugar privilegiado de los viajes de aventuras, Ulises es el modelo ejemplar, el arquetipo de todos los viajeros. Ulises no abandona su patria para conquistar otra, el principal motivo de sus aventuras es la curiosidad, el afán de conocimiento. Ulises es el marinero nómade, ebrio de aventuras que, al igual que Eneas, vuelve a su patria por deber. Con parecido destino, otros héroes desafían los peligros del mar luego de Ulises: Simbad, Robinson Crusoe y el doctor Lemuel Gulliver.

Los viajes de Gulliver constituyen la narración de las prodigiosas aventuras de un hombre de insaciable curiosidad y grandes deseos de explorar el mundo. La fórmula empleada por Jonathan Swift es la misma que utilizara ya Thomas More en Utopía, dos siglos antes: el cuento de los viajes de un aventurero hasta unas islas desconocidas en las que hay sociedades extrañas que le sirven para, confrontándolas con Inglaterra, poner de relieve las carencias y contradicciones de la sociedad de su tiempo.

Tras estudiar medicina como aprendiz del prestigioso cirujano londinense James Bates, tras la muerte de éste, Gulliver decide dar rienda suelta a sus deseos de conocer diferentes culturas, idiomas y gentes, y se embarca en sucesivos viajes que habrán de llevarle a recorrer multitud de países. En Los viajes de Gulliver Swift desarrolló una sátira feroz de la política inglesa en tiempos de la Reina Ana (1702-1714). Publicado anónimamente en Londres en 1726, los Viajes de Gulliver fue un suceso instantáneo, y su popularidad no ha decrecido desde entonces. Citamos como ejemplo cuando Gulliver menciona los motivos para la guerra en su país en la cuarta parte, Viaje al país de los houyhnhnms, capitulo 5 donde cuenta:

“Me preguntó cuales eran las causas o motivos mas frecuentes que hacen que los países se declaren en guerra. Le contesté que eran innumerables, pero que le mencionaría algunas de las principales. Unas veces la ambición de los Príncipes, que piensan que nunca tienen tierra o gente suficiente sobre quienes mandar; otras veces, la corrupción de los ministros, que comprometen a sus señores en una guerra, con intención de sofocar o disimular el clamor de sus súbditos contra su mala administración. Diferencias de opinión han costado miles de vidas; por ejemplo, si la carne era pan o el pan carne; si el jugo de una determinada uva es sangre o vino; si silbar es un vicio o una virtud; si es mejor besar un poste o echarlo al fuego; si el mejor color para un saco es el negro, blanco, rojo o gris, y si debía ser largo o corto, ancho o estrecho, sucio o limpio, junto con muchas otras. Y que no había guerras tan furiosas o sangrientas, o de tan larga duración, como las originadas por diferencias de opinión, sobre todo en cuestiones indiferentes. A veces la pelea entre dos príncipes es para decidir cuál de ellos despojará a un tercero de sus dominios, sobre los que ninguno de los dos puede invocar derecho alguno. A veces un príncipe disputa con otro, por miedo a que el otro lo haga con él. A veces estalla una guerra porque el enemigo es demasiado débil, otras porque es demasiado fuerte. A veces nuestros vecinos quieren las cosas que nosotros tenemos, o tienen las cosas que nosotros queremos, y entonces ambos luchamos hasta que ellos toman lo nuestro o nos dan lo suyo. Es causa muy justificable para una guerra el invadir un país cuyos habitantes han sido diezmados por el hambre, destruidos por una peste, o arruinados por conflictos internos. Se justifica entrar en guerra contra nuestros aliados más próximos si una de sus ciudades está ubicada en un lugar que nos favorece, o un territorio que haga que nuestros dominios sean más redondos y compactos. Si un príncipe envía tropas a una nación en que la gente es pobre e ignorante, puede dar muerte en forma legítima a la mitad de ellos, y esclavizando al resto rescatarlos de sus bárbaros sistemas de vida (...) Los vínculos de sangre o matrimoniales son causa suficiente de guerra entre príncipes, y cuanto más cercano es su parentesco, mayor es su disposición a pelear. Las naciones pobres están hambrientas, y las naciones ricas son orgullosas. Y así el orgullo y el hambre siempre estarán en discordia. Por estas razones al oficio de soldado se lo considera el más honorable, puesto que un soldado es un yahoo preparado para matar a sangre fría a tantos como pueda de su misma especie, que nunca lo ofendieron...”

En un plano internacional, Lilliput y Blefuscu representan respectivamente a Inglaterra y a Francia, enfrascadas en una guerra que finalizará con la paz de Utrecht. Para captar las diversas referencias políticas se debe tener presente que Swift era un partidario tory(conservador ) que vio prácticamente truncada su promoción política y eclesiástica al instaurarse la dinastía Hanover y ascender los whigs al poder. Sin embargo, en la parte tercera, Viaje a Laputa, las alegorías políticas rebasan a menudo el plano meramente personal para adentrarse en el institucional. Por ejemplo, la Isla Voladora representa al poder centralista inglés enfrentado a la zona rebelde de tierra firme, es decir, Irlanda. El paralelismo entre la rebelión de la ciudad levantada en armas contra el poder flotante y el gobierno de Londres era tan evidente que durante siglo y medio este pasaje fue impublicable.

La sátira contra el cientificismo de su época se patentiza en la parte tercera cuando conoce a los científicos de la isla flotante de Laputa. En estos capítulos Swift da rienda suelta a la misoginia.  Los maridos están tan absortos en complicados problemas científicos que sus mujeres se entregan a las más íntimas familiaridades con sus amantes, siempre extranjeros, frente a sus narices pero ellos no se percatan mientras tengan papel e instrumentos científicos a mano.  Las referencias a la gravitación universal, la música de las esferas, los colores, proporciones, etc, son claras. Gulliver es un médico, es experto navegante, matemático y músico. En Leyden se estudiaba la medicina cartesiana, influenciada Descartes. El "pienso, luego existo" implicaba una dicotomía entre el cuerpo y el  espíritu contraria al pensamiento teológico de Swift. Por otra parte, la sátira científica de Los viajes apunta a teorías absurdas y estériles como el extraer rayos de sol de los pepinos, el reconvertir los excrementos en alimento originario, el fabricar tejidos con hilos de araña o almohadas con mármol triturado. Su ciencia teórica los capacita para tomar las medidas corporales de Gulliver- basándose en complejas operaciones matemáticas- para confeccionarle un traje; sin embargo, el producto final, el traje confeccionado, es un verdadero desastre. Los científicos de Laputa consideran que rebasar los límites de los fríos y racionales postulados especulativos implica una degradación intelectual; y esto es hasta tal punto cierto que su idioma carece de términos para expresar los conceptos de inventiva, fantasía e imaginación.  Pero la más asombrosa de las novedades que Jonathan Swift introduce en su obra es que los liliputienses “han llegado a descubrir dos estrellas menores (satélites) alrededor de Marte”; asegurando que el primero rota alrededor del planeta  en 10 horas (en realidad el satélite Fobos gira en 7 horas,  39 minutos) y el otro en 21 horas. Swift se adelantó 151 años al norteamericano Asaph Hall quien descubrió las lunas marcianas bautizándolas Fobos y Deimos (“Terror” y “Pánico”), los nombres de los dos compañeros de Marte, el  dios de la guerra, recién en 1877. Se especula que Swift fuese Masón o Rosacruz. Extrañamente, una compilación de las obras de Jonathan Swift publicada en 1760, en donde se incluían Los viajes de Gulliver se acompaña con un folleto titulado “Una carta de la Gran Maestra de los Libres Masones.”

En su último viaje Gulliver encuentra, entre los houyhnhnm (caballos inteligentes) el prototipo de la conducta virtuosa aunque se reconoce un yahoo redimible mientras que renuncia explícitamente a la tarea utópica de “reformar la raza yahoo en este reino”

Gulliver no viaja para conquistar nada más que el autoconocimiento.

“Nunca se me ocurrió pensar en la formalidad de tomar posesión de estos países en nombre de mi monarca”

En sus múltiples aventuras gozó de la hospitalidad de los habitantes de mundos remotos en el espacio pero completamente cercanos en sus vicios y defectos a los humanos, asimilados a los yahoos, bestias dotadas de una incipiente razón, que pueden usar si quieren pero que casi nunca lo hacen.

A Gulliver los viajes le han servido para ejercitar  “la contemplación frecuente de mi imagen en el espejo y así acostumbrarme con el tiempo, en lo posible, a tolerar la presencia de la criatura humana.”
















Cristina Ambrosini
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